Con luces y sombras, pero de verdad.

Hay días en los que te planteas firmar el acta de tu rendición, miras a tu alrededor y hay algo que no va, que no concuerda.

Uno de los principales lastres del ser humano es su capacidad de mentir. Las argucias que se emplean para conseguir prestigio, honores, distinciones, reconocimiento, o sencillamente para tapar la propia incompetencia y la necedad son variopintas, incluso podríamos definir distintas tipologías… Lo peor de todo es que en determinados ambientes, puede llegar a naturalizarse la mentira y el engaño de manera que se adquieren competencias de lo más avanzadas para poder leer entre líneas y desvelar lo que hay detrás de esas tretas que no hacen otra cosa que dirigir el discurso hacia donde interesa. Esta mentira cronificada es letal.

Existen personas verdaderamente expertas que hacen de la mentira una manera de sobrevivir. Cuando menos se lo esperan, su mundo, su vida y todo lo que les rodea es irreal. En determinados contextos como la familia, el trabajo o la amistad, por ejemplo, normalizar la mentira puede ser un verdadero cataclismo, sobre todo cuando llega el momento en que ya ni siquiera las personas se percatan de cuán irreal es su mundo y lo que cuentan sobre él.

En el ámbito laboral uno de los principales retos a los que se enfrentan las organizaciones de peso es la gestión de la verdad. Esto viene siendo la capacidad de no tener que maquillar las cosas sino abordar la realidad con naturalidad pese a que ello conlleve el ejercicio de la autocrítica.

Conseguir este reto depende de todos los miembros del equipo, de abajo a arriba y de arriba a abajo. Cuando prima por ejemplo la solución de problemas en lugar de la búsqueda de culpables se favorece la asertividad y la complicidad. De la misma manera, en la horizontalidad también se puede favorecer un clima de confianza utilizando un modelo de trabajo colaborativo, donde mi éxito es tu éxito porque en nuestro discurso prevalezca el “nosotros” versus el “yo”.

Tomar la decisión de caminar junto a la verdad es un ejercicio de madurez y responsabilidad. No te alejará de problemas, es más, es muy probable que salgas con heridas en esta batalla, pero esas mismas cicatrices te harán ser mejor persona y verás en el espejo la mejor versión de ti mismo, porque lo que tendrás delante será tu versión original y no una esperpéntica caricatura de lo que el resto espera de ti o de lo que tú mismo te has contado de tu “yo ideal”.

Yo te quiero como eres, con luces y sombras, pero de verdad.

Por David López Mejuto.

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A esos corazones…

Esta entrada la quiero dedicar a esas personas que como diría el maestro Aute, entre un mar de girasoles buscan un giraluna.

A esas personas que defienden su propio criterio porque tienen unos ideales y unos principios que están por encima del convencionalismo, por encima de cualquier recompensa, por encima del protocolo, por encima de las expectativas, por encima de lo que debería ser, por encima de lo que se espera de ellas…

No les importa incluso la derrota, siguen un rumbo fijo, guiados en ocasiones, sin saber muy bien porqué, por un impulso, una intuición, una quimera… Son corazones que laten al compás de unos valores arraigados, que alzan su voz ante la injusticia, que caminan con la cabeza bien alta sin miedo al qué dirán pese a sus defectos o debilidades. Son corazones valientes, castizos, vehementes, y que miran cara a cara con la gallardía del que tiene como bandera la verdad. 

Son corazones que nunca serán súbditos de los laureles, porque la vida para ellos es vértigo, y no una carrera. Porque merece la pena luchar por aquello que importa, por aquello que nos llena.

Caminar por la vida sin profundizar en cada paso, sin mojarte, sin implicación con tus ideales, con lo que realmente piensas y sientes, etc., sin duda te evitará muchos problemas, pero no conozco otra forma de vivir. ¿Y tú?

La vida es demasiado corta como para pasar de puntillas, muérdele y siente el placer de ser tú mismo, pese a todo. ¡Búscate problemas! Seguro que los tendrás, pero también disfrutarás de la plenitud de descubrir día a día que cada uno de tus pasos cobran sentido.

Por David López Mejuto.

 

El éxito como experiencia íntima.

El éxito, al igual que la felicidad, tiene diferentes significados según cada persona. Si damos una vuelta por la literatura al respecto o simplemente preguntamos a nuestro alrededor, posiblemente nos encontremos con una definición del éxito ligada a otro concepto muy próximo, el reconocimiento. Bajo mi punto de vista son conceptos muy diferentes pero que fácilmente se pueden incluir en una misma ecuación.

El termino Éxito proviene del latín exĭtus, que significa “Salida”, de ahí se determina que Éxito se refiere generalmente al resultado final y satisfactorio de una acción y por ende, a consecuencia de ello, puede venir acompañado de reconocimiento, a lo que yo añadiría, “o no”.

El éxito, y los parámetros que se establecen para sentirlo, tienen que ver, a mi juicio, con una experiencia íntima que puede o no llevar consigo reconocimiento. Es importante tenerlo claro, pues de lo contrario seremos “esclavos del aplauso” y “súbditos de los laureles”.

En cualquier caso, y teniendo en cuenta como punto de partida esta diferencia conceptual, podríamos dar algunas pautas a modo de lecciones para llegar al éxito, tanto si tu idea de este vocablo consiste en perseguir un sueño hasta hacerlo realidad, como si buscas simplemente rendir al máximo en tu trabajo o conseguir algún reto en tu vida personal.

En primer lugar, no se trata de hacer lo que la gente espera de ti; haz lo que verdaderamente deseas hacer. No será fácil, en ocasiones deberás asumir obligaciones o seguir consignas que no te aporten directamente la felicidad del soñador, pero podrás ponerte cada día pequeños objetivos para que te sientas dueño de tus circunstancias, y no un mero espectador de las mismas.

Adáptate a las situaciones con normalidad, trabaja la tolerancia a la frustración y sobre todo, ten paciencia. El ejercicio de la paciencia tiene que ver con un concepto que en entradas anteriores he mencionado, se trata de la praxis de la esperanza, ya que sin esta última cualquier piedra en el camino puede parecer una montaña, pero haciendo uso de la misma, aunque las montañas no se disipen, la diferencia estará en que tu modo de pensar y de actuar te llevarán a escalarla salvando cualquier dificultad con arrojo y tesón sin huir de los problemas.

Arriesga, pero con trabajo previo, con perseverancia y teniendo como soporte tu trayectoria personal y profesional.  Tu experiencia te avala, y debes hacerte respetar por ello, como persona y como profesional.

Por último, es importante que establezcas tu propia definición de éxito, no vivas para hacer lo que otros esperan de ti, no estás aquí para cumplir las expectativas de nadie, define tus límites, exige que sean respetados y trabaja duro para conseguir aquello que te hace feliz. Si además lo que haces tiene una consecuencia positiva en la sociedad porque trabajas para las personas o en el terreno de la intervención social, esto te servirá de anclaje, pues sin duda, tu labor está mereciendo la pena, pero en cualquier caso y te dediques a lo que te dediques, busca un sentido y vive el éxito como una experiencia íntima, tuya. A por ello.

Por David López Mejuto.

 

 

 

 

El liderazgo del error

Hablar de liderazgo está de moda. Muchos son los autores de diferentes disciplinas que abordan este tema, también son muchas las organizaciones formativas que ofrecen un amplio elenco de cursos y especializaciones al respecto. La literatura científica nos ofrece gran variedad de fórmulas para ejercer un buen liderazgo y cada vez son más las recetas para llevarlo a la práctica. Con tantas fuentes donde elegir, la predicción podría ser sin duda, que hoy en día, ser un buen líder debería ser más sencillo, pues solo tendríamos que aplicar algunas fórmulas para conseguirlo, pero mi impresión es que hablamos de algo más complejo…

Colin Powell, ex Secretario de Estado de EU dijo que “Los grandes líderes son casi siempre grandes simplificadores. Pueden interrumpir cualquier argumento, debate  y duda y ofrecer una solución que todos puedan entender”. Esta frase podría servirnos de anclaje para poner de manifiesto una de las ideas que me gustaría resaltar. Lo que está claro es que si analizamos cualquier organización de nuestro entorno más cercano nos encontramos con personas insatisfechas con sus jefes, y de la misma forma también, líderes insatisfechos. En mi opinión, una de las certezas que me acompaña es que un líder debe ser simplificador, debe proponer una comunicación interna ágil, directa, donde prime la eficacia por encima del protocolo. Por otro lado, debe poner en práctica el ejercicio de la confianza con sus colaboradores para conseguir multiplicar su acción y un detalle importante, tratarles como profesionales que tienen conocimientos y experiencias que aportar, y no meras piezas de un engranaje para cumplir la voluntad absoluta. Estas serían algunas de las características básicas, comenzando por lo positivo, y es que, como ya dijo Napoleón Bonaparte,  “Un líder es un repartidor de esperanza”.

Muchas otras características debieran ser parte del rompecabezas que conformaría la figura ideal de un líder, pero esta última frase del conquistador francés, a mi modo de ver, subyace en cualquier modelo de gestión de un buen líder. Por ende, muchas son también las características negativas que todo aprendiz de líder debe evitar, pero una de las más perjudiciales para el futuro de una organización es “la gestión desde el error” ¿En qué consiste? Se trata de un modelo de liderazgo basado en detectar errores para “supuestamente” reconducir y mejorar la situación, y como no, “hacer que la persona mejore”. De entrada no parece descabellado, es más, reconducir los errores es parte del seguimiento de un líder, pero cuidado, este tipo de prácticas pueden cronificarse, de manera, que para este tipo de líder la actividad central es “buscar la mácula en el traje”. Suele ser un modelo que va acompañado de características personales como la inseguridad en sí mismo, la falta de confianza, carencias de autoestima, falta de profundidad y otros rasgos de personalidad similares.

Varios de los efectos de caer en este modelo de gestión del error cronificado son los siguientes:

  • Pérdida de confianza, ya no ven a un referente, a un modelo inspirador, ven a alguien que “jefea”, como dirían algunos profesionales del mundo del coaching,  en lugar de “liderar”.
  • El miedo al error que se convierte en una peligrosa pasividad, o a limitarse a seguir con las instrucciones básicas por el miedo a “meter la pata”, y lo que es peor, comienzan a escucharse frases como “a mí eso no me corresponde”, “esta tarea es de otro departamento”, etc. Claro que en una organización deben estar delimitadas las funciones y tareas, pero todos los estudios de eficacia en el trabajo coinciden en que la flexibilización de los procesos es un valor añadido de las empresas más exitosas, por lo que el trabajo colaborativo constituye un pilar en la buena praxis versus las tareas encasilladas. Y hay que entender a quien toma esta actitud pasiva, todos la tomarán tarde o temprano, de una manera u otra, con líderes del error, es cuestión de tiempo y del grado de tolerancia a la frustración que tenga cada cual…
  • Elimina la creatividad y el entusiasmo, se sustituye la tensión creativa por el estrés, la ansiedad…
  • Y un último efecto a resaltar, el peor de todos los males para una empresa de presente y futuro, la pérdida de la esperanza.

Si desempeñas alguna función de liderazgo y te sientes identificado/a con este modelo expuesto de gestión en el error, tengo una buena noticia para ti, aún estás a tiempo. Analiza tu conducta, ponte en manos de profesionales si lo ves necesario y sobre todo, reflexiona sobre el legado que quieres dejar en tu organización, piensa en el porqué has llegado a esta situación y ponte objetivos para mejorar y hacer que otros mejoren, pero siempre desde la gestión de la esperanza, no hay fórmulas mágicas, el aprendizaje forma parte del proceso y es bueno equivocarse, lo que está claro, es que cambiar te hará más feliz, que no es poco, porque hay muchas formas de utilizar el tiempo que se nos ha dado, y tú puedes decidir si caminar pisoteando o dejando huella. 

Por David López Mejuto.

 

 

 

La tecnología al servicio de la educación.

Aunque Benjamin Franklin decía que una inversión en conocimiento paga el mejor interés, no siempre ha sido, ni es interés de todos y todas, apostar claramente por la educación como eje de la transformación social.

Al margen de las dificultades que desde la “crisis” se vienen dando, donde las personas más desfavorecidas suelen ser las más perjudicadas, nos encontramos con instrumentos que facilitan el acceso a la educación por otras vías y que están al alcance de todos y todas.

No podemos negar que la tecnología nos ha facilitado la vida y está modificando actividades que antes pensábamos imposibles de realizar de forma digital, como estudiar. Coger las riendas de tu futuro es hoy posible gracias a la educación en línea, con la cual se puede adaptar el aprendizaje a nuestro estilo de vida, y no al revés.

Algunas de las razones que pueden animarte a seguir estudiando confiando en la educación en línea.

  • Con la educación en línea puedes olvidarte de las barreras de tiempo y espacio, ya que puedes estudiar desde cualquier lugar, a la hora que prefieras y en el dispositivo que más te guste. Aprender desde tu móvil es muy fácil, comienza y te engancharás.
  • Las plataformas de educación en línea están creando constantemente contenidos que se adaptan a los requerimientos del mercado actual, por lo cual tendrás la oportunidad de desarrollar y perfeccionar las habilidades que son una tendencia en el ámbito laboral.
  • Puedes apostar por instituciones que ofrecen titulaciones oficiales, lo cual te dará garantías para seguir avanzando con tu proyecto académico, profesional y personal.
  • Desde la flexibilidad y sin barreras puedes perseguir tu pasión, y no tendrás obstáculos si eres constante y tienes claras tus metas.

Recuerda que existen herramientas que se adaptan a tu situación y nivel de estudios, ponte una meta, el límite lo pones tú.

Por David López Mejuto.

 

 

Abanderado de nada.

Sin patria ni bandera, sin leyes ni castigos, mi corazón es un continente por donde pasan sin aduana quimeras correteando cada día. ¡Locos soñadores que siguen en su empeño de pensar que alguien sueña por ahí!

Cuando miro otros corazones, no puedo evitar sentir dolor ante los latidos separatistas que ponen fronteras y muros que nos alejan. Cuando lo que nos une es más que lo que nos hace diferentes, en un mar de corazones que palpitan bajo un mismo Sol, este ciudadano del mundo se revela cuando otros se empeñan en querernos demostrar que son distintos a los demás. Que si heredaron una cultura propia y que forjaron su historia… Como si yo no tuviera orgullo, ni raíces, ni forma de ser y una vieja y sabia tierra que también me ha visto nacer.

Cuántos se empeñan en querernos demostrar sus propias señas de identidad, que si enarbolan su propia lengua… Sutil ardid para hacer fronteras… Como si yo no tuviera palabras que salen del alma, distintas también, para expresar todos mis sentimientos, a quien me quiera escuchar, a quien me quiera entender.

Vengo de una tierra de culturas milenarias, vivo, y estoy enamorado también de la tierra que me ha acogido y donde hago mi vida y mi corazón sigue teniendo espacio para tantas personas, culturas y lugares que existan. Un andaluz orgulloso de sus orígenes, de esa tacita de plata con más de tres mil años de antigüedad, y sin embargo no soy abanderado de nada, no hay más color que me haga reír o llorar que el que refleja tu mirada.

Miremos al mundo con el corazón abierto, vamos a construir puentes y vamos a destruir muros.

Por David López Mejuto.

Ahora el verdugo eres tú, cómo cambia el destino.

En estos tiempos que vivimos, la incertidumbre marca el camino de una sociedad en la que la barbarie y el terror siguen teniendo desgraciadamente cabida.

El contraste entre la belleza y el horror, la luz y la oscuridad, el Bien y el Mal, es inaudito. Algunos siguen diciendo que todo está atado y bien atado, a los mercados del poder social de la razón, que no todo está obsoleto, porque aún queda el esqueleto que no devoró la corrupción…

Muchas personas siguen creyendo en la “sociedad del bienestar”, pero los sueños de este ser, llamado humano, se ven truncados por la necedad, el egoísmo, la ambición, la codicia, el rencor, el fanatismo, la ignorancia…

Los últimos acontecimientos padecidos en esta vieja Europa nos recuerdan que no estamos exentos de padecer el terror. Mucho tiempo occidente ha vivido la pobreza y la desolación como algo muy lejano, casi inverosímil, pero ha estado presente durante todos estos años. La crueldad ha estado y sigue estando muy arraigada a la historia de la humanidad; lejos de aprender del pasado volvemos a cometer los mismos errores una y otra vez, y desde el poder se siguen alimentando muertes, genocidios e injusticias ante las que muchos tienen la capacidad de volver la cara.

En esta ocasión yo no lo he podido hacer al recordar una guerra desigual, donde las cartas están marcadas desde hace tiempo, en un duelo, un cruel combate, una dura realidad que pervive, en un juego mortal de piedras contra tanques. 

A un lado está el invasor, el poderoso señor, misiles por delante, al otro la dignidad, son Palestina e Israel, niño contra gigante.

Quizás no recuerdes ya que un día un nazi marcó un estigma en tu cuerpo, y tú, indefenso total, fuiste bandera mundial contra el racismo fiero. Y cuando no puede más, y el palestino ya ve que las puertas se cierran, cuando no hay nada que hablar, ya sólo queda luchar por defender su tierra.

Condeno con firmeza cualquier acto de crueldad y la injusticia, por ese motivo, cuando padezco el dolor de mis compatriotas también me acuerdo de las muchas muertes y el dolor que han causado los conflictos que alimentan sociedades que se hacen llamar primer mundo o tierra de libertades. Déjame que te diga, la libertad duradera, la da cualquiera que es libre, menos tu pueblo, cualquiera. Que los padres de niños y niñas que mueren cada día por el hambre o por la guerra, saben mejor que tú del dolor, que esperas a la noche en la Quinta Avenida…

Y tú también, escúchame, tú que fuiste el judío perseguido, ahora el verdugo eres tú, cómo cambia el destino.

Por David López Mejuto.

A mi amo.

Yo que nací por naturaleza para servir a mi dueño, bien podría haber llevado una vida convencional. Mi condición noble, como cualquier otro perro, me hubiera llevado sin duda a ladrar ante la puerta esperando su llegada, saludarle con cariño incondicional, ser también el guardián de la casa y cómo no, juguete para los niños.

Pero otra historia fue la mía, la suerte quiso ensañarse conmigo, cayendo en las garras de un loco criminal que se propuso con odio hacer de mí una verdadera fiera…

A fuerza de tratarme a puro palo, alterando mis instintos con dolor, sin más razón de ser que el sufrimiento, mi mente poco a poco trastornó… Y ahora ya sólo soy un asesino, un depredador que arrasa con todo lo que se le pone por delante, una bestia que no entiende sino el lenguaje de la crueldad.

Y aunque a los animales, se nos tache de seres irracionales y de poco entendimiento, dentro de mis pocas luces, me digo para mis adentros… “Si me comparo con mi amo, no sé quién es el más perro”.

Por David López Mejuto.

Hoy te escribo a ti, Justicia.

Ya se rompieron en mil trozos los brazos de tu balanza, no sé si dudar de ti, JUSTICIA, comienzo a pensar que no te pega esa palabra. Ya nadie te tiene miedo, y tú te tapas la cara…

Estas líneas que te dedico bien pueden venir desde el rencor y el resentimiento ante tantos casos que tengo que oír y leer… Se me revuelven las tripas al comprobar cuánto “presunto” criminal sigue andando a sus anchas por las calles, muchos de ellos dirigentes políticos, otros, bien podrían merodear por el parque más cercano a nuestras casas…

Pero atenta, aunque muchos delincuentes queden libres e impunes pese a las barbaries que cometen, en una sociedad vanidosa y narcisista, donde hace tiempo que el precio ha ocupado el lugar del valor, la huella es muy difícil de borrar; te reto a que mires bien de cerca tus manos, quizás la sangre corra por ellas también, están manchadas y ya no podrás volver la cara, porque algún día tendrás que sentarte para rendir cuentas y yo mismo te quitaré la venda de los ojos, porque como otras muchas personas, yo creía en ti. Te has vuelto cómplice de criminales, ladrones, violadores, que al cabo de unos meses ya son tratados como señores. Pensemos por un momento en las muchas víctimas que han padecido tu soberbia benevolencia, cuántas de ellas podrían haber sido nuestras madres, hermanas, sobrinas…

Cuando veo esas caras de no haber roto ni un plato, y pese a creer en la reinserción, aunque perdón no les niego, como todo ser humano merece, hoy le pido a Dios, si me puede escuchar, sin ningún tipo de malicia, que nunca caigan en mis manos.

Por David López Mejuto.

Gritar en tiempos revueltos

Esta es la primera entrada de este blog, el último grito de la mandrágora, un espacio que no tiene otra pretensión que dar voz a pensamientos y reflexiones que tienen que ver con las ganas de soñar un mundo mejor y con el impulso de dar la cara ante temas sociales que precisan de un análisis crítico para generar una sociedad más justa y solidaria.

Ante estos tiempos convulsos que vivimos, en los que muchas personas tienen  la sensación de estar al albur de la intemperie, como un caminante más, me dispongo a compartir mis incertidumbres y también mis certezas, las últimas cada vez son menos, por lo que aún estás a tiempo de parar esta lectura, ya sabes lo que les pasa a los hombres que van en busca de la mandrágora…

Lo cierto es que a lo largo de la vida he tenido la suerte de encontrarme a muchas personas que han dado sentido a mis pasos. Las más importantes, sin duda, las que me han cuestionado, las que me han hecho pensar en otras opciones a las propias, las que me han demostrado que me equivocaba.

Firmes con nuestro criterio, como un sable erguido en el aire, estamos siempre dispuestos al combate. Una vez comienza a estar en marcha nuestro reloj, nos embarcamos en nuestra travesía, donde nos encontramos con diferentes compañeros de viaje y múltiples experiencias que nos hacen ser lo que somos. En ocasiones las personas sufrimos de algo muy humano, el desengaño, el desgaste y también el desánimo. Encontrar un sentido a esto que llaman vida NO ES FÁCIL, ni existen las recetas mágicas, por eso lo importante es estar siempre en movimiento, siendo conscientes de que tendremos que adaptarnos a un entorno cada día más cambiante.

A partir de 2008 comencé a conocer a personas que lo estaban pasando muy mal, resultado de la crisis económica y social que seguimos atravesando. Les atendía como orientador profesional por aquél entonces, y en ocasiones recuerdo que era muy duro acompañar a personas que por muchos factores habían perdido la ESPERANZA. Pese a todo seguí insistiendo, confiaba en el potencial de cada cual; en ocasiones también me derrumbada, pero TENÍA SENTIDO, me reconfortaba estar ahí para ellos con actitud de servicio y entrega.

El camino de cada cual conduce en ocasiones a desiertos innombrables que no admiten vuelta atrás, quemamos el camino cada día, y puede que sintamos que nos lleva a otro desierto más, desalentados por la situación social, el desempleo, la fuga de cerebros, la corrupción, la precariedad laboral, las hambrunas, las injusticias, las muertes en serie, la guerra… Es muy probable que te invada el cansancio, la desidia, el hastío, que no te den más ganas de luchar, es muy probable también que no tengas ganas de seguir leyendo tras esta lista de “bondades de la vida” que acabo de regalarte, pero atento, no todo está perdido, porque pese a cualquier situación externa TÚ ERES EL DUEÑO DE TU VIDA, y la huella que quieres dejar pasa por las acciones que realizas en el tiempo que se te ha dado, de manera que yo me plantearía algunas cuestiones básicas para empezar a encontrar el sentido.

¿Qué tipo de persona soy? ¿Qué tipo de persona quiero ser? ¿Qué estoy haciendo en estos momentos para conseguir lo que quiero? ¿Qué acciones realizo para cambiar mi realidad más cercana? ¿Cuido de mi familia y amigos? ¿Cuánto hace que no llamas a tu padre, a aquél tío tuyo, a aquél amigo de la infancia? ¿Qué haces para hacer más amable la vida de los demás en tu casa, en el trabajo, en tu barrio?

Tras plantearte algunas de estas preguntas que acabo de proponerte, lo más importante es saber en qué punto estás y ponerte en marcha con tu proyecto de vida. Hay mucha literatura sobre los proyectos de vida y muchos colegas de profesión que podrán ayudarte sin duda a elaborarlos, pero en este blog, que pretende simplemente “lanzar ideas al aire para quien las quiera”, te sugiero que pongas fecha a tus objetivos y evalúes el grado en que los vas consiguiendo. No seas ambicioso, comienza por pequeños retos.

Una buena amiga terapeuta me confesó hace muy poco las virtudes de un simple paseo caminando al aire libre, algo que había sido revolucionario para muchos de sus pacientes. Tras semejante confesión no pude dejar de bromear al respecto de que patentara su “receta”, pero efectivamente, una vez más, lo sencillo resulta útil. Pues bien, parece que hay que salir más a caminar, oxigenarse y llenarse de vitalidad cada día.

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Conseguir realizar estos pequeños retos nos hace más fuertes y poco a poco nuestro proyecto irá alcanzando coherencia y proyección. Te parecerá una idiotez pero he conocido a muchas personas que han salido de verdaderos abismos con un reto aparentemente poco ambicioso pero que contamina, SER CADA DÍA MEJOR PERSONA. Caminar en esta dirección implica responsabilidad y a medida que te vas examinando, el nivel de compromiso aumenta, pero déjame decirte, con el tiempo lo agradecerás, y también las personas que te rodean.

Volviendo de nuevo a la cuestión planteada sobre el SENTIDO, creo que aquí se encuentra una de las claves, no quedarnos en la superficie, en lo cómodo, sino por el contrario profundizar, mojarnos con las personas con las que tenemos relación, con nuestras realidades más cercanas… Para servir mejor desde nuestra realidad (trabajo, búsqueda de empleo, familia, comunidad, etc.), es importante que tomemos partido, que demos nuestra voz ante las causas que nos mueven y que no volvamos la cara ante la injusticia.

Este, sin más, es el comienzo de esta historia, que me gustaría resumir como una apología a la PRAXIS DE LA ESPERANZA, un grito a las conciencias, porque creo en el ser humano y en el poder transformacional de la palabra, “el último grito de la mandrágora”.

Por David López Mejuto.