El poder del vínculo

En más de una ocasión he hablado del sentido y del proyecto de vida. El verano puede ser un buen momento para reflexionar sobre nuestro proyecto personal. Una de las claves para alimentar nuestra vida y llenarla de alegría y sentido es, desde mi punto de vista, el ámbito de las relaciones personales.

Muchos profesionales relacionados con el crecimiento personal coinciden en que las conversaciones pueden cambiar nuestro presente, nuestro futuro, e incluso nuestra visión del propio pasado, y con ello, el concepto de nosotros mismos. Cómo tenemos configuradas nuestras relaciones es vital para que se den esas conversaciones transformadoras. Estas pueden afectar de manera directa en nuestro estado de ánimo y en la forma que tenemos de conectar con nuestras distintas realidades.

Con este grito solo pretendo poner el foco en algo que para mí ha sido y es vital, especialmente cuando hemos vivido la experiencia de la lejanía de nuestra tierra. Se trata de blindar momentos con aquellas personas importantes para nosotros. Podríamos tener la creencia de que el contacto se da de manera natural y que no hay que forzarlo, pero déjame decirte algo, el ritmo vertiginoso de nuestras vidas, en ocasiones, puede confundirnos en nuestra lista de prioridades, y es entonces, cuando empiezan a darse pensamientos del tipo “ya le llamaré”, “ahora no puedo, tengo algo importante que hacer”, “hoy no podrá ser, tengo varios correos que mirar aún”, etc.

Si queremos enfatizar en nuestras vidas el poder del vínculo, es necesario, como en todo lo importante, organizarnos para ello. Puede parecer frío al principio, pero créeme, los beneficios son directos y los notarás de inmediato. En esta propuesta de “blindar momentos”, no es necesario un despliegue logístico, la buena noticia es que lo único que necesitarás es dedicar un tiempo determinado, que puede ser de 5 minutos al día, para hablar con esa persona que es importante para ti. Si incorporas esta costumbre a tu rutina, pronto formará parte de tu actividad diaria, de manera natural, y la satisfacción será máxima. Los vínculos se verán reforzados, demostrarás interés por esas personas que son significativas para ti.

Hoy tenemos muchas herramientas para estar en contacto, y eso es genial, pero no subestimes el poder de una conversación, especialmente si puede ser en persona. La distancia puede ser un obstáculo, pero siempre puedes escribir una carta (algo que poca gente conserva), escribir un correo, llamar por teléfono, una vídeo-llamada,  etc. Nuestro compromiso con la otra persona generará cada vez más interés real por lo que el otro siente, por sus circunstancias, deseos, preocupaciones, motivaciones… Y también nos dará pie a contar aquello que nos inquieta, aquello que necesitamos expresar, como un simple, pero tan grande, “te quiero”.

Tengo la absoluta certeza de que instaurar en nuestras vidas este celo por los vínculos puede cambiar la calidad de nuestras relaciones, y con ellas, cambiar nuestra sociedad de manera radical, combatiendo así el individualismo y los muchos introyectos que padecemos, como la excesiva competitividad, los fanatismos, el ego, etc.

Es este un grito que nos invita a conectar de manera especial con el otro (no solo se trata de frecuencia) desde la certeza también de que lo afectivo es efectivo, por lo que podremos aplicarlo a cualquier contexto, dotando de profundidad a nuestras relaciones.

Y recuerda, si tienes que gritar, que sea para decir aquello que llevas dentro y que seguro, alguien más cerca de ti de lo que crees, está deseando escuchar.

Por David López Mejuto.

 

 

Anuncios

Ese “maldito” propósito.

Esta vez he tardado más en volver a este escondrijo. Y es que una de las reglas de este espacio es que no hay reglas, ni para mí ni para ti, así que si quieres, ven conmigo, te voy a mostrar que también nos podemos desnudar con las palabras.

A menudo me planteo qué es lo que mueve a las personas a ser quienes son. Me seduce conocer ese impulso, esa verdad sobre las que se sostienen las decisiones que perpetran las personalidades. Los pilares sobre los que sostenemos lo que somos, me producen una enorme curiosidad, porque son esos cimientos, esas columnas vertebrales, las que permiten las mayores proezas, y de la misma forma, las peores miserias.

Estarás de acuerdo conmigo en que hay muchas maneras de vivir, y no seré yo quien cuestione unas u otras, pero déjame decirte, antes de que nos desnudemos, qué es lo que me conmueve, lo que me apasiona, lo que me desgarra, te interese o no. Pues bien, hoy ha venido a mi mente una palabra sencilla, PROPÓSITO, pero no entendido como un objetivo que se pretende alcanzar, más bien como esa firme determinación que mueve a los corazones a despertar cada día por una causa, por esa quimera, ese sueño que nos inspira, esa luz al final del túnel.

Los afanados a las “causas imposibles”, no utilicemos la falsa modestia y seamos sinceros… Creemos que se puede. Y por eso luchamos, emprendemos, gritamos, nos emocionamos, lloramos y sentimos. Por eso salimos ahí fuera, a enfrentar la realidad del día a día, desde la certeza de que habrá derrotas desoladoras, se darán fracasos, a veces perderemos el norte, e incluso pensaremos que nada de lo que hacemos merece la pena, pero de repente, aparece ante nuestros ojos ese cabronazo que acecha a los soñadores, ese “maldito” propósito… Y todo cobra sentido, y todo comienza a entenderse.

Esa experiencia que te lleva a sentirte unido a la vida, conectado al universo y a los seres que te rodean… Es en ese momento de “locura transitoria” cuando decides nuevamente levantarte con firmeza, sabiendo que pronto tus rodillas podrán tocar el suelo una vez más, pero no importa, porque está ahí, bien arraigado, es tu propósito, y todo trasciende, y tu experiencia de vida merece la pena.

Cuando miras al otro desde esta óptica, comienzas a entender las muchas luchas por las que esos otros también pasan, empiezas a interpretar que también han llorado, que también han sufrido, pero lo más importante, que se levantan día a día inspirados por yo qué sé cuantos sueños imposibles… Es entonces cuando abrazar otras verdades y otros caminos nos conduce irremediablemente a entender al otro, abrazarlo y sentirle más cerca que antes. Es entonces cuando quizás merezca la pena, incluso, luchar juntos, compartir propósitos, siendo uno mismo, siendo nosotros. 

Por David López Mejuto.

Cebo de anzuelo o tiburón

Entretenido entre los enrevesados páramos de la mente, descanso quizás en el recuerdo. Síntoma de las desordenadas emociones que me llevan a añorar sonrisas, miradas, olores y caricias. Cómo se mide la vida, si son lo mismo un segundo que un siglo de luz. Cómo vivir en el presente si ya se esfumó.

Veo el mar, siento la brisa marinera, la catedral. Huele a incienso, a barro, a viejo, a pan, a lejía en los portales, a pescado en la plaza, a churros de la guapa… Es temprano, camino por sus calles bajo la mirada atenta de mis abuelos, me veo, “enmimismado”, me encuentro frente a frente conmigo. Me gustaría contarte, advertirte, darte algún consejo, pero no puedo, pues este espejismo está huérfano de palabras y cargado de silencios.

La vida es verla pasar, es un sueño fugaz, es un poema desesperado, es una carta de despedidas, es una canción perfumada por algún adiós, es una leyenda de vida y de muerte, es un camino sin caminante, es una empresa en quiebra, es esperanza, es un sueño suicida, un árbol que muere y un retoño que suplica.

Muchos son los muertos en combate, algunos elegidos por Odín viajan al Valhalla guiados por las valquirias, otros esperan harenes en la Meca celestial, otros se reúnen con el Creador y así, cada cual espera un último viaje guiados por la certeza que nos une, esa misma suerte, que cambiando una sola letra se lee muerte.

Lo que somos, la huella que dejamos tras nuestros pasos, no es más que una broma del azar ante la que podemos resignarnos o por el contrario devolverle la sonrisa. Yo decidí como respuesta alguna carcajada insolente, y lejos de ser un súbdito de los laureles, abracé la verdad, y cuando lo haces sufres más ante la codicia, ante los mecanismos macabros de las trincheras de lo falsario y las ansias de poder que mueven el ego y la ira. Nunca sabré si es más sabio ser cebo de anzuelo o tiburón de pelo duro al que hay que temer, pero entre el juego funesto de intentar ser algo que no somos, elijo ser yo, y este es mi último grito.

Por David López Mejuto.

Receta: espíritu creativo y búsqueda

Comenzar el nuevo año con recetas no parece demasiado creativo, pero lejos de sugerir una nueva dieta para la cuesta de enero, te planteo hoy una reflexión sobre la realidad que vivimos y una propuesta como repuesta, baja en calorías pero alta en valores.

Seguimos viviendo una sensación generalizada de malestar en nuestra sociedad, y muchos siguen siendo los conflictos que nos asolan. El desempleo, las situaciones de pobreza, la guerra, el desastre provocado por el mundo financiero sin rendición de cuentas por parte de los responsables, la política, que sigue sin darnos una respuesta adaptada al ciudadano, la corrupción y otros muchos males pueden hacernos sentir inseguros, irascibles, desesperanzados.

Ante todas estas situaciones, no podemos volver la cara, pero tampoco actuar desde el pesimismo o desde la resignación.

Una propuesta podría ser abrirnos a la realidad, analizarla y no permanecer indiferentes ante ella, sino implicarnos en la medida de lo posible. Esta actitud requiere un análisis complejo, huyendo de las posturas que simplifican los fenómenos, por el contrario, nos acerca más a la verdad ver los diferentes motivos, las distintas variables… El blanco y el negro no suelen ser la respuesta más apropiada para el mundo en el que vivimos.

Ante todo esto, debemos tomar una postura, implicarnos en las realidades, desde nuestra comunidad de vecinos, nuestro barrio… Hay muchas formas de hacer el bien, y el efecto suele ser multiplicador si lo hacemos en plural, juntos, con la asociación de vecinos más cercana, con la parroquia, con nuestro grupo de amigos y amigas… La idea es tomar una actitud activa, y sugerir propuestas y alternativas en lugar de quejarnos de todo sin hacer nada al respecto. La pregunta sería, qué puedo hacer yo para cambiar las cosas con las que no me siento cómodo.

Si queremos construir una sociedad más justa y solidaria, nuestras actuaciones deberían estar marcadas por la responsabilidad, por la ética y por la sensibilidad con las personas más vulnerables.

Se trata de una manera de ser y de hacer que implica tomar decisiones, algunas de ellas, nada cómodas, pero que sin duda te traerán satisfacción y contribuirán a crear un mundo mejor. Por eso, espíritu creativo y búsqueda.

Por David López Mejuto.

 

 

 

Apología del SER

En mi reflexión de hoy quiero hacer referencia a una de las palabras más importantes y que el ruido de la sociedad actual ha mitigado de alguna forma. A lo largo de la historia de la humanidad se nos han presentado diferentes maneras de aludir a quiénes somos, y lo que somos, en función de lo que tenemos, “tanto tienes, tanto vales”, en función de lo que hacemos, “eres lo que haces”, “tus actos te definen”; en función de lo que ocurre en nuestro mundo interno, incluso en nuestro inconsciente, etc. También se nos ha enseñado a identificarnos con algo para definir el SER, lo que somos… Te puedes identificar con tu cuerpo, con la mente, etc., pero desde el mismo momento en que te identificas, te pierdes, porque eres mucho más que eso.

Siempre que afirmas el YO, se produce una identificación con algo, con un nombre, una forma, con un cuerpo, con un pasado, unos pensamientos… <<Yo>> significa identidad. Muchos de los males que asolan a nuestra sociedad tienen su raíz en este <<YO>> que fomenta el egoísmo, el narcisismo y el ansia de poder sobre los demás, que genera injusticias de toda índole. El <<SER>> que me gustaría reivindicar con este último grito, tiene que ver con la conciencia, aquella que significa salir de la cárcel en la que nos sume la propia mente y sus prejuicios, sus deseos de identificación, sus esquemas, sus reglas… Para alcanzar la paz, la armonía y la felicidad compartida, el ser humano debe viajar a su interior, debe emprender el camino hacia la conciencia, pues es la única forma de librarnos del miedo, de la incertidumbre y de las limitaciones que implica sentir que somos lo que ahora creemos que somos… En especial, implicará una nueva relación con nosotros mismos y con los demás, pues ya no nos trataremos de una forma u otra según lo que tenemos o no, según el trabajo que desempeñas… No existirían así clases sociales, pues primaría el SER por encima de todo. No haría falta referirnos a nuestros colaboradores, en una organización, como “los que están por debajo de mí”, y tampoco necesitaríamos posiblemente, tarimas, ni atriles, ni púlpitos, porque el viaje hacia dentro hace sacar humildad y nos libra del mayor enemigo de la felicidad, el ego.

Este es un grito que quiere invitarte a reflexionar sobre lo que eres, que mires a tu SER de una manera distinta a la que nos han enseñado hasta ahora. Alfred Adler, uno de los grandes psicólogos del siglo XX, basaba su análisis en un sencillo hecho que nos puede servir en la reflexión, hablaba del peligro de “la fuerza de voluntad” mal entendida; el ser humano quiere ser alguien, más importante que los demás, más santo que los demás, más rico… Lucha por llegar a la cima. A veces esa lucha, y nuestros propios triunfos, nos alejan del propio ser. Tu vida se convierte en un martirio, por el temor al fracaso. Incluso si has triunfado, sentirás el temor a que alguien ocupe tu lugar. Quien vive para conseguir algo, jamás encontrará la paz.

Este mundo necesita la revolución del ser, volver a mirar hacia dentro, volver a la conciencia, volver a reflexionar sobre el camino que debería seguir nuestra especie y su relación con el medio y consigo misma.

Por David López Mejuto.

 

Hasta la “coronilla”

A lo largo de la historia nos encontramos con que quienes ostentan el poder, no siempre son las personas más capacitadas, ni siquiera las más apropiadas para liderar los proyectos que defienden.

La situación se agrava cuando además de la incapacidad se unen otros atributos, como el egocentrismo, la soberbia, la mentira, la vanidad, la codicia, el abuso de poder, la corrupción… Si a todo este elenco de “virtudes” le añadimos el carácter hereditario de la posición que se ocupa, la gente suele reaccionar…

Por eso mi grito de hoy es una invitación a la reflexión sobre todas las jerarquías, porque es positivo cuestionar realidades, es por ello que utilizaré el símil de la corona de un rey,  para propiciar el debate y sobre todo, para hacer pensar a todas las personas que tienen algún tipo de cargo o responsabilidad, que lo más importante para llegar a liderar es reconocer con humildad la posibilidad de que uno lo puede estar haciendo mal, y que el abandono no es una derrota, sino un gesto de gallardía que pocos se atreven a afrontar.

Porque cuántos “reyes” que llevan esa gran corona que les llena de brillo y de gloria, se han planteado si merecen o no ese estatus. Para saberlo estaría bien que el pueblo, que la gente, pudiera decidir aquello que verdaderamente merece la pena, alguien cuya autoridad moral pese más que las joyas de la corona, alguien que se gane el respeto por cómo es y lo que hace, no por su condición, porque pertenezca a cierta élite, etc.

Estaría bien interpelar a todas esas coronas planteándoles un ejercicio sencillo. Posiblemente consistiría en ir al bar más cercano y salir de esos despachos, salir de esas guaridas y preguntar a la gente de a pie si le quieren o no… Yo puedo asegurar, que si entre la gente estoy yo, y viene más de uno/a a preguntarme, sin miedo, porque no lo tengo, con mucho respeto, diría que no.

Qué fácil es ser valiente desde el estatus que otorga el poder, y también es fácil ser aliado de tantos gobiernos corruptos y defenestrados por interés o por avaricia, o simplemente por no perder privilegios, a pesar de saber que están siendo cómplices de la injusticia, de gobiernos obsoletos, de equipos directivos indecentes…

Ponga su corona a voluntad del pueblo, póngala para someterla a votación, a ver si no le faltan agallas, y si dicen que sí le reconoceré, pero si dicen no, por favor márchese, como diría un gran poeta gaditano, y que la historia comience de nuevo.

Por David López Mejuto.

Trabajo y dignidad

Uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad es el acceso de las personas al mercado laboral. El trabajo es clave para el desarrollo social. Desde las tareas más simples, a las más complejas y sofisticadas, generan riqueza a la comunidad y posibilitan que las personas construyan su proyecto de vida. Además, gran parte de los trabajos desarrollados tienen que ver con la construcción de un mundo más justo y solidario a partir de la educación, la atención a los colectivos más desfavorecidos, etc.

Si bien la posibilidad de que las personas encuentren un empleo supone una de nuestras “ocupaciones”, no lo debe ser menos la DIGNIDAD en el trabajo.

Vivimos tiempos marcados por las prisas, las tareas múltiples, la urgencia, que en ocasiones sustituye a lo importante, etc. En medio de esta vorágine no podemos olvidar que la persona no es solo trabajo.

Me permitiré recordar la palabras del Papa Francisco «El trabajo, además de ser esencial para el florecimiento de la persona, es también la clave para el desarrollo social» carta al Card. Peter Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral en 2017.

Sin embargo, en la misma carta el Pontífice recordaba —citando a papa Pablo VI— , que <<no hay que exagerar la mística del trabajo>>:

<<La persona no es solo trabajo; hay otras necesidades humanas que necesitamos cultivar y atender, como la familia, los amigos y el descanso. Es importante, pues, recordar que cualquier tarea debe estar al servicio de la persona, y no la persona al servicio de esta lo cual implica que debemos cuestionar las estructuras que dañan o explotan a personas, familias, sociedades o a nuestra madre tierra>>.

Es necesario que las organizaciones, instituciones públicas y privadas, revisen los modelos de trabajo de manera exhaustiva. Cada cual, desde su realidad, también está llamado a cuestionar todo aquello que atenta contra la dignidad de las personas, todo aquello que ataca a la posibilidad de realización en el entorno laboral, la interrupción de los periodos de necesario descanso, etc. Esto no significa, que por la complejidad del mundo en el que vivimos, nuestras tareas no exijan de nosotros compromiso, dedicación, esfuerzo, creatividad, perseverancia, objetivos que cumplir, etc., pero desde luego, es una llamada a la reflexión, una llamada a poner en el centro a la persona, a cuidarla, a tender puentes que faciliten su crecimiento, a generar mecanismos de diálogo que imperen frente a la falta de entendimiento. Solo de esta forma, poniendo en valor a la persona, se sustentan proyectos duraderos, sostenibles, integrales… Se consigue la armonía y también la productividad, porque existe una estrecha relación entre la felicidad de los empleados y su productividad, como desvelan los estudios realizados sobre las compañías más duraderas en el tiempo, donde las personas tienen un marcado sentimiento de pertenencia.

Así pues, no podemos volver la cara ante este doble reto, la creación de empleo y la dignidad en el trabajo.

Por David López Mejuto.

 

El acento en el NOSOTROS.

Durante el verano solemos tener más tiempo para estar con nosotros mismos. Nuestras rutinas cambian, y muy posiblemente tengamos más momentos para hacernos algunas preguntas que pueden ayudarnos a valorar en qué punto estoy con respecto a mi proyecto de vida.

Vivimos en una sociedad cambiante, donde muchas de las cosas que antes se daban por hecho, ya no son tan claras. Lo imprevisible ha aumentando, y esto a veces nos genera desconcierto, en ese camino hacia la seguridad y el control que tanto satisface a nuestra especie.

Es en estos momentos de cambio cuando podemos aferrarnos a nuestros pilares. ¿Sabemos cuáles son? ¿Sabemos qué es lo que nos sostiene? ¿Lo que nos mueve pese a todo? ¿Cuál es nuestra moción?

Uno de los aspectos en positivo de esta sociedad líquida y en constante cambio, es el mensaje revelador que subyace, la idea precisamente, de que EL CAMBIO es posible. Un ejemplo de ello son las últimas novedades en la política de nuestro país, que nos muestran cómo pueden darse giros teatrales imprevisibles, pero que cambian el transcurso de la historia.

Es en esta idea donde me apoyaré para presentar esta alternativa del cambio en positivo. Si te preocupa la injusticia, la tiranía, la pobreza, el medio ambiente, el individualismo, entre otras cosas, he de decirte que este es tu momento. Está constatado que lo imprevisible es posible, por lo que cualquier tipo de esfuerzo en pos de tus ideales, tus principios o tus valores está más justificado que nunca, enhorabuena.

Para comenzar, me gustaría compartir una idea básica pero fundamental, desde mi punto de vista. Para liderar cambios profundos que busquen un mundo más justo y solidario en general, no podemos actuar en solitario. Es preciso actuar en alianza. Por eso es necesario que una vez tengamos identificadas algunas de las cosas que nos gustaría cambiar de nuestros entornos, de la cotidianidad, para comenzar desde lo más cercano, nos empecemos a mover. ¿Cómo? Teniendo claro qué otras personas están dispuestas a acompañarte y a hacer suyos también esos principios y valores compartidos que os gustaría defender. No hay nada que una más que juntos hacer el bien. Establece el diálogo con estas personas, pongámonos tareas y objetivos a corto, medio y largo plazo y comencemos a caminar. Tendremos diferencias, pero eso nos enriquecerá.

Debes tener en cuenta que por más que quieran desanimarte, hace más ruido el árbol que cae que el bosque que crece, por lo que te animo a venir conmigo, en este viaje que merece la pena vivir, poniendo el acento en el NOSOTROS.

Por David López Mejuto.

 

Que el horror nos mueva al menos como el fútbol.

Todo un país movilizado por el fútbol, el deporte rey con diferencia. Yo también he visto el partido, y he apoyado a mi selección. Considero el deporte un escenario magnífico para transmitir valores, para aprender la lección de que a veces se gana y otras se pierde.

Hoy, revisando noticias en las redes durante el partido, un comportamiento muy “millennial” por cierto, he visto por casualidad algunas noticias relacionadas con algo terrible y tan común en la historia de la humanidad como es la guerra. Me pregunto si la barbarie y el terror nos moviliza tanto como cualquier partido de la selección, la respuesta me aterra. Cualquier mañana, de cualquier día, mientras tomamos el primer café, podemos mirar al mundo para ver con qué rostro amanece. Casi producto del azar, podremos ver a niños armados, con una triste sonrisa. Podría se un niño palestino, de Colombia, de Afganistán… Sólo queda en mi recuerdo esas miradas de tristeza y frialdad.

Me pregunto si estas realidades golpean nuestra conciencia de la misma forma, al menos, que una derrota de nuestra selección. Lo que nos moviliza, lo que nos ocupa, lo que nos motiva, lo que nos activa, no es en ocasiones lo que este mundo necesita.

Nuestra sociedad necesita una revisión urgente. Sumidos en el consumismo, la estética, el individualismo y la necesidad de compartir una felicidad maquillada, vagamos sin rumbo, y mientras, otros toman decisiones. Necesitamos exigir cambios que impongan humanidad, por encima de los intereses económicos y de la escalada al poder. Este mundo necesita de hombres y mujeres valientes que se levanten contra la injusticia, que participen en la política, que no se conformen y que pongan por encima de los intereses individuales el bien de la comunidad. Este es un grito a las conciencias, porque no puede pasar que tras ver esas imágenes de niños y niñas empuñando fusiles, otros muriendo en el Mediterráneo y en definitiva tanto horror, sigamos con los brazos cruzados.

Cada cual en sus contextos más cercanos y JUNTOS, debemos salir ahí, a cambiar el mundo.

Por David López Mejuto.

Una mirada hacia adentro

Decía Javier Sádaba, un filósofo español, que la verdad, sino es entera, se convierte en aliada de lo falso. Hoy, con este nuevo grito, quiero manifestar mi preocupación por el rumbo que sigue nuestra sociedad, que se ha convertido en cómplice de lo falsario. Sin saber muy bien por qué, en ocasiones nos vemos inmersos en un mundo donde prima lo superficial, y donde en muy pocas ocasiones se profundiza.

Miramos a nuestro alrededor y se nos invita a ser hombres y mujeres de éxito rotundo, donde el “sí se puede” se ha convertido también incluso en una peligrosa falacia para generar falsas expectativas con las que incluso se comercializa.

Las redes sociales nos invitan a mostrar nuestro “yo ideal”, no vaya a ser que el vecino conozca mis miserias, mis debilidades, mis tropiezos, mis torpezas y fracasos… Tengo la sensación de que la propuesta de vida que hoy es “tendencia” se basa en lo efímero, en acumular experiencias, y sobre todo, en mostrar al mundo nuestra felicidad, pero me pregunto si esta felicidad no será más bien un espejismo que nos aleja del conocimiento de uno mismo, que es sin duda, quizás no el único camino, pero desde luego, sí una de las alternativas para SER, con mayúsculas.

Este mundo no necesita de tantos hombres y mujeres de éxito, sino de personas que luchen por unos ideales, por unos principios. La complejidad de nuestros tiempos requiere de personas que sepan pensar también en el prójimo. Pero antes de dar este paso debemos mirar hacia dentro, hacia nosotros mismos. ¿Qué es lo que nos mueve? ¿Cuál es el sentido de mi vida? La búsqueda del sentido puede ser un camino largo, incluso interminable, pero podemos empezar por algo más sencillo, como poner en práctica determinadas acciones. En una sociedad donde predomina el ruido, es necesario buscar dentro de cada cual para conocernos más y mejor.

Para esa relación de calidad con uno mismo y con los demás, pienso que es necesario elaborar un proyecto de vida. Estas pistas que te doy no te harán un hombre o una mujer de éxito, posiblemente, pero sin lugar a dudas, te harán mejor persona, y eso será para ti un gran éxito, y también para mi, sobre todo si nos encontramos algún día.

En primer lugar, en el proyecto de vida, tenemos que hablar del amor a uno mismo. Para ejercer ese cuidado de uno mismo será fácil plantearte algunos objetivos sencillos y que puedas medir cada cierto tiempo, para ver en qué estado se encuentran estos pequeños retos; lo mismo haremos con el resto de áreas. Un ejemplo de ello podría ser tu estado de salud (peso, ejercicio, mi tiempo de ocio, mis aficiones…) ¿Qué tiempo les estoy dedicando a estos aspectos tan importantes para sentirme bien?

Por otro lado, como somos seres sociales y nos relacionamos con el otro, es positivo siempre valorar el amor al prójimo. Se trata de valorar el “estado de salud” de mis relaciones, pareja, amistad, familia, compañeros de trabajo, y de esta forma, reconducir aquellos aspectos que sean necesarios o dedicar más tiempo a alguna persona que tengo descuidada y que es importante para mí.

Otro campo no menos importante y que podría ser transversal es la formación. Aprender cosas nuevas siempre es de gran valor y también el reciclaje, bien para estar a la altura de las exigencias de nuestros puestos de trabajo o simplemente por el placer de saber algo nuevo y aplicarlo a nuestras vidas.

Si eres una persona creyente, el espacio de oración te conectará con lo absoluto, sino lo eres, meditar o buscar un hueco cada día para reflexionar sobre lo que hemos hecho y hacia dónde van nuestro pasos, hará más sólido tu proyecto.

Por último, intentemos ser nosotros mismos, y no esperpentos con maquillajes de ocasión. Ser humano significa caerse también, fallar, reconocer nuestras debilidades y nuestros límites, querernos como somos, pero también, poner el punto de mira en lo que puedo mejorar de mí, y acoger al otro sabiendo que viene con una particular historia, con sus batallas internas, y con las mismas ganas que tú de que le quieran.

Vive, mira hacia adentro, y abraza la verdad de quien mira a los ojos con la gallardía de un soñador que se sabe imperfecto.

Por David López Mejuto.