Trabajo y dignidad

Uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad es el acceso de las personas al mercado laboral. El trabajo es clave para el desarrollo social. Desde las tareas más simples, a las más complejas y sofisticadas, generan riqueza a la comunidad y posibilitan que las personas construyan su proyecto de vida. Además, gran parte de los trabajos desarrollados tienen que ver con la construcción de un mundo más justo y solidario a partir de la educación, la atención a los colectivos más desfavorecidos, etc.

Si bien la posibilidad de que las personas encuentren un empleo supone una de nuestras “ocupaciones”, no lo debe ser menos la DIGNIDAD en el trabajo.

Vivimos tiempos marcados por las prisas, las tareas múltiples, la urgencia, que en ocasiones sustituye a lo importante, etc. En medio de esta vorágine no podemos olvidar que la persona no es solo trabajo.

Me permitiré recordar la palabras del Papa Francisco «El trabajo, además de ser esencial para el florecimiento de la persona, es también la clave para el desarrollo social» carta al Card. Peter Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral en 2017.

Sin embargo, en la misma carta el Pontífice recordaba —citando a papa Pablo VI— , que <<no hay que exagerar la mística del trabajo>>:

<<La persona no es solo trabajo; hay otras necesidades humanas que necesitamos cultivar y atender, como la familia, los amigos y el descanso. Es importante, pues, recordar que cualquier tarea debe estar al servicio de la persona, y no la persona al servicio de esta lo cual implica que debemos cuestionar las estructuras que dañan o explotan a personas, familias, sociedades o a nuestra madre tierra>>.

Es necesario que las organizaciones, instituciones públicas y privadas, revisen los modelos de trabajo de manera exhaustiva. Cada cual, desde su realidad, también está llamado a cuestionar todo aquello que atenta contra la dignidad de las personas, todo aquello que ataca a la posibilidad de realización en el entorno laboral, la interrupción de los periodos de necesario descanso, etc. Esto no significa, que por la complejidad del mundo en el que vivimos, nuestras tareas no exijan de nosotros compromiso, dedicación, esfuerzo, creatividad, perseverancia, objetivos que cumplir, etc., pero desde luego, es una llamada a la reflexión, una llamada a poner en el centro a la persona, a cuidarla, a tender puentes que faciliten su crecimiento, a generar mecanismos de diálogo que imperen frente a la falta de entendimiento. Solo de esta forma, poniendo en valor a la persona, se sustentan proyectos duraderos, sostenibles, integrales… Se consigue la armonía y también la productividad, porque existe una estrecha relación entre la felicidad de los empleados y su productividad, como desvelan los estudios realizados sobre las compañías más duraderas en el tiempo, donde las personas tienen un marcado sentimiento de pertenencia.

Así pues, no podemos volver la cara ante este doble reto, la creación de empleo y la dignidad en el trabajo.

Por David López Mejuto.

 

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El acento en el NOSOTROS.

Durante el verano solemos tener más tiempo para estar con nosotros mismos. Nuestras rutinas cambian, y muy posiblemente tengamos más momentos para hacernos algunas preguntas que pueden ayudarnos a valorar en qué punto estoy con respecto a mi proyecto de vida.

Vivimos en una sociedad cambiante, donde muchas de las cosas que antes se daban por hecho, ya no son tan claras. Lo imprevisible ha aumentando, y esto a veces nos genera desconcierto, en ese camino hacia la seguridad y el control que tanto satisface a nuestra especie.

Es en estos momentos de cambio cuando podemos aferrarnos a nuestros pilares. ¿Sabemos cuáles son? ¿Sabemos qué es lo que nos sostiene? ¿Lo que nos mueve pese a todo? ¿Cuál es nuestra moción?

Uno de los aspectos en positivo de esta sociedad líquida y en constante cambio, es el mensaje revelador que subyace, la idea precisamente, de que EL CAMBIO es posible. Un ejemplo de ello son las últimas novedades en la política de nuestro país, que nos muestran cómo pueden darse giros teatrales imprevisibles, pero que cambian el transcurso de la historia.

Es en esta idea donde me apoyaré para presentar esta alternativa del cambio en positivo. Si te preocupa la injusticia, la tiranía, la pobreza, el medio ambiente, el individualismo, entre otras cosas, he de decirte que este es tu momento. Está constatado que lo imprevisible es posible, por lo que cualquier tipo de esfuerzo en pos de tus ideales, tus principios o tus valores está más justificado que nunca, enhorabuena.

Para comenzar, me gustaría compartir una idea básica pero fundamental, desde mi punto de vista. Para liderar cambios profundos que busquen un mundo más justo y solidario en general, no podemos actuar en solitario. Es preciso actuar en alianza. Por eso es necesario que una vez tengamos identificadas algunas de las cosas que nos gustaría cambiar de nuestros entornos, de la cotidianidad, para comenzar desde lo más cercano, nos empecemos a mover. ¿Cómo? Teniendo claro qué otras personas están dispuestas a acompañarte y a hacer suyos también esos principios y valores compartidos que os gustaría defender. No hay nada que una más que juntos hacer el bien. Establece el diálogo con estas personas, pongámonos tareas y objetivos a corto, medio y largo plazo y comencemos a caminar. Tendremos diferencias, pero eso nos enriquecerá.

Debes tener en cuenta que por más que quieran desanimarte, hace más ruido el árbol que cae que el bosque que crece, por lo que te animo a venir conmigo, en este viaje que merece la pena vivir, poniendo el acento en el NOSOTROS.

Por David López Mejuto.

 

Que el horror nos mueva al menos como el fútbol.

Todo un país movilizado por el fútbol, el deporte rey con diferencia. Yo también he visto el partido, y he apoyado a mi selección. Considero el deporte un escenario magnífico para transmitir valores, para aprender la lección de que a veces se gana y otras se pierde.

Hoy, revisando noticias en las redes durante el partido, un comportamiento muy “millennial” por cierto, he visto por casualidad algunas noticias relacionadas con algo terrible y tan común en la historia de la humanidad como es la guerra. Me pregunto si la barbarie y el terror nos moviliza tanto como cualquier partido de la selección, la respuesta me aterra. Cualquier mañana, de cualquier día, mientras tomamos el primer café, podemos mirar al mundo para ver con qué rostro amanece. Casi producto del azar, podremos ver a niños armados, con una triste sonrisa. Podría se un niño palestino, de Colombia, de Afganistán… Sólo queda en mi recuerdo esas miradas de tristeza y frialdad.

Me pregunto si estas realidades golpean nuestra conciencia de la misma forma, al menos, que una derrota de nuestra selección. Lo que nos moviliza, lo que nos ocupa, lo que nos motiva, lo que nos activa, no es en ocasiones lo que este mundo necesita.

Nuestra sociedad necesita una revisión urgente. Sumidos en el consumismo, la estética, el individualismo y la necesidad de compartir una felicidad maquillada, vagamos sin rumbo, y mientras, otros toman decisiones. Necesitamos exigir cambios que impongan humanidad, por encima de los intereses económicos y de la escalada al poder. Este mundo necesita de hombres y mujeres valientes que se levanten contra la injusticia, que participen en la política, que no se conformen y que pongan por encima de los intereses individuales el bien de la comunidad. Este es un grito a las conciencias, porque no puede pasar que tras ver esas imágenes de niños y niñas empuñando fusiles, otros muriendo en el Mediterráneo y en definitiva tanto horror, sigamos con los brazos cruzados.

Cada cual en sus contextos más cercanos y JUNTOS, debemos salir ahí, a cambiar el mundo.

Por David López Mejuto.

Una mirada hacia adentro

Decía Javier Sádaba, un filósofo español, que la verdad, sino es entera, se convierte en aliada de lo falso. Hoy, con este nuevo grito, quiero manifestar mi preocupación por el rumbo que sigue nuestra sociedad, que se ha convertido en cómplice de lo falsario. Sin saber muy bien por qué, en ocasiones nos vemos inmersos en un mundo donde prima lo superficial, y donde en muy pocas ocasiones se profundiza.

Miramos a nuestro alrededor y se nos invita a ser hombres y mujeres de éxito rotundo, donde el “sí se puede” se ha convertido también incluso en una peligrosa falacia para generar falsas expectativas con las que incluso se comercializa.

Las redes sociales nos invitan a mostrar nuestro “yo ideal”, no vaya a ser que el vecino conozca mis miserias, mis debilidades, mis tropiezos, mis torpezas y fracasos… Tengo la sensación de que la propuesta de vida que hoy es “tendencia” se basa en lo efímero, en acumular experiencias, y sobre todo, en mostrar al mundo nuestra felicidad, pero me pregunto si esta felicidad no será más bien un espejismo que nos aleja del conocimiento de uno mismo, que es sin duda, quizás no el único camino, pero desde luego, sí una de las alternativas para SER, con mayúsculas.

Este mundo no necesita de tantos hombres y mujeres de éxito, sino de personas que luchen por unos ideales, por unos principios. La complejidad de nuestros tiempos requiere de personas que sepan pensar también en el prójimo. Pero antes de dar este paso debemos mirar hacia dentro, hacia nosotros mismos. ¿Qué es lo que nos mueve? ¿Cuál es el sentido de mi vida? La búsqueda del sentido puede ser un camino largo, incluso interminable, pero podemos empezar por algo más sencillo, como poner en práctica determinadas acciones. En una sociedad donde predomina el ruido, es necesario buscar dentro de cada cual para conocernos más y mejor.

Para esa relación de calidad con uno mismo y con los demás, pienso que es necesario elaborar un proyecto de vida. Estas pistas que te doy no te harán un hombre o una mujer de éxito, posiblemente, pero sin lugar a dudas, te harán mejor persona, y eso será para ti un gran éxito, y también para mi, sobre todo si nos encontramos algún día.

En primer lugar, en el proyecto de vida, tenemos que hablar del amor a uno mismo. Para ejercer ese cuidado de uno mismo será fácil plantearte algunos objetivos sencillos y que puedas medir cada cierto tiempo, para ver en qué estado se encuentran estos pequeños retos; lo mismo haremos con el resto de áreas. Un ejemplo de ello podría ser tu estado de salud (peso, ejercicio, mi tiempo de ocio, mis aficiones…) ¿Qué tiempo les estoy dedicando a estos aspectos tan importantes para sentirme bien?

Por otro lado, como somos seres sociales y nos relacionamos con el otro, es positivo siempre valorar el amor al prójimo. Se trata de valorar el “estado de salud” de mis relaciones, pareja, amistad, familia, compañeros de trabajo, y de esta forma, reconducir aquellos aspectos que sean necesarios o dedicar más tiempo a alguna persona que tengo descuidada y que es importante para mí.

Otro campo no menos importante y que podría ser transversal es la formación. Aprender cosas nuevas siempre es de gran valor y también el reciclaje, bien para estar a la altura de las exigencias de nuestros puestos de trabajo o simplemente por el placer de saber algo nuevo y aplicarlo a nuestras vidas.

Si eres una persona creyente, el espacio de oración te conectará con lo absoluto, sino lo eres, meditar o buscar un hueco cada día para reflexionar sobre lo que hemos hecho y hacia dónde van nuestro pasos, hará más sólido tu proyecto.

Por último, intentemos ser nosotros mismos, y no esperpentos con maquillajes de ocasión. Ser humano significa caerse también, fallar, reconocer nuestras debilidades y nuestros límites, querernos como somos, pero también, poner el punto de mira en lo que puedo mejorar de mí, y acoger al otro sabiendo que viene con una particular historia, con sus batallas internas, y con las mismas ganas que tú de que le quieran.

Vive, mira hacia adentro, y abraza la verdad de quien mira a los ojos con la gallardía de un soñador que se sabe imperfecto.

Por David López Mejuto.

 

 

 

Por ellos, por ellas, amigos y amigas.

Cuando empezamos a hablar de la vida, parece que habláramos aún de lo que fuera a pasar, y sin embargo, sin saber muy bien cómo ni cuándo, la vida va pasando, y los minutos vuelan.

Mientras tenemos la sensación de que la vida es verla pasar, nos damos cuenta de que las personas son quienes dan valor y sentido a lo vivido. Los momentos grabados a fuego son los que implican emociones, esas que nos hacen sentir esa gente especial con las que compartimos alegrías y penas.

Es por ello que este grito se lo dedique a “la familia que eliges”, a esos que no entienden sino de incondicionalidad y que sin lazos de sangre te atan de por vida a esa emoción compartida que es el gozo de festejar la AMISTAD.

Si sabes de quiénes te hablo, tenlos presentes, llámales, diles que les quieres, comparte momentos con ellos, no olvides sus cumpleaños, adelántate a sus necesidades e incorpóralos a tu proyecto de vida, porque créeme, sin esas personas no seríamos hoy lo que somos.

Y cuando pienses que alguna vez no has sido correspondido, déjate experimentar la virtud de quien da sin esperar nada a cambio.

Por ellos, por ellas, amigos y amigas que hacen que seas tú.

Por David López Mejuto.

 

Sobre todo, no dejes de hacer.

Ante una sociedad donde la audiencia dicta la única moral, donde Windows podría ser el logotipo del planeta, donde la estética marca la única tendencia… En un mundo donde el individualismo atroz nos invita a mirar únicamente a nuestro ombligo con el emblema de sálvese quien pueda, hoy propongo arrojar luz ante la oscuridad. 

Cada gesto, cada acción que realizas desde que te levantas, es una oportunidad para el cambio. Sostener unos valores firmes te posiciona, te da fuerza, te define, te cambia y cambia tu realidad. Una de las claves para cambiar lo que no nos gusta en nuestro entorno más cercano es mantener una actitud activa, pero en positivo, poniendo en práctica valores con los que te sientas especialmente identificado y por los que merezca la pena dar la cara.

Una de las opciones más comunes es mantenernos en la queja constante con lo que no nos gusta en nuestra familia, en el trabajo, en el vecindario… Otra, no menos practicada, es actuar de manera reactiva ante lo que nos ocurre, dejando de hacer lo que haríamos, porque otras personas no lo hacen. De esta manera dejamos de saludar cuando no nos saludan, dejamos que felicitar por su cumpleaños a un buen amigo porque él se olvidó el año pasado de hacerlo, dejamos de llamar a nuestro hermano porque hace tiempo que él no lo hace, dejamos de colaborar con una buena causa porque pensamos que algunas organizaciones son fraudulentas, dejamos de decir la verdad, porque esta nos pone en ocasiones en el centro de las críticas e incluso dejamos de ser nosotros mismos por si acaso cuando nos conozcan de verdad dejan de querernos…

Pues déjame decirte que es precisamente haciendo todo lo contrario como conseguiremos cambiar lo que no nos gusta; diciendo lo que piensas, porque lo que puedes aportar, verdaderamente, importa; preocupándote por las personas que quieres, porque independientemente de lo que ellas hagan por ti, tú debes ser fiel a tus sentimientos, ellas son libres de hacer o no hacer, pero tú te sentirás más libre haciendo lo que tu corazón te dicta, recuerda que ningún cobarde ha sufrido nunca por amor, tú, que eres valiente, atrévete a amar de manera incondicional, abraza la vida y haz lo que amas, no pierdas ni un minuto en eso, porque nada de lo demás vale la pena. Camina firme, defendiendo tus principios, pero con la humildad y la apertura de quien siempre está abierto al aprendizaje; alza la voz cuando una injusticia azote a tu prójimo, nadie alcanza la experiencia íntima del éxito ni la paz interior siendo una marioneta o un súbdito de los laureles; saluda, abraza, ayuda, sal a la calle con optimismo y practica el agradecimiento.

Juntos, arrojando luz, podemos hacer mucho, cada pequeño detalle sumará, y por ello te desafío a seguir esta cadena de acciones y sobre todo, no dejes de hacer.

Por David López Mejuto.

Por ti, joven, y aquél que también fui.

Óiganme, gobernantes de este país, pongan mucha atención, porque dentro de muy poco, el tiempo ya me declara mayor de edad, tengo ya derecho a voto.

Siembren ya ramilletes de ilusiones, que den su fruto y se conviertan en realidad, piensen en el futuro de este joven, porque su voto será caro de comprar.

Yo no vendo mi ilusión porque un simple charlatán regale promesas, palabritas de papel, que en un simple soplo el viento se lleva.

Que a mí, señores, me parió la democracia, y ya son años de batalla y de rodar… No señor, no se crean que tan fácilmente… Que tan fácilmente me van a engañar.

Por David López Mejuto.

 

Febrero con su locura como disfraz

Casi sin darnos cuenta ya llegó; desde Cádiz, el levante sopló cargado de compases que se mezclan con los vientos de las islas canarias y me recuerdan que febrero, con su locura como disfraz, ya pregona carnavales.

Vente conmigo, que nos vamos a la calle. Va siendo hora de buscarse un buen disfraz, deja que el alma se refresque con el aire, y olvídate por una vez del qué dirán.

Y siente de corazón que eres mago, superman, payaso, pirata… Y presume de ese don que tiene nuestra gente de cantar su gracia. Entre coplas y coplas podrás escuchar lo que muchos no se atreven a defender sin máscara y también verás desenmascarar injusticias y falacias.

Que el tiempo pasa de puntillas por tu puerta, y ya la fiesta poco a poco quedó atrás, y al final, sólo queda ir dando la cara, pero sin disfraz.

Por David López Mejuto.

No seré yo quien prometa

Hoy resuena todavía en mi cabeza el sonido de las bombas y la barbarie que algunos quisieron escribir en la historia reciente de España por la defensa de unos ideales, de unos intereses particulares, de una forma “distinta” de vivir la realidad nacional.

Muchos años el problema de la ETA ha ensombrecido a este país, tanto es así, que muchas voces pidieron que les dieran la independencia por tal de acabar con esa inmunda lucha cobarde y traicionera.

No se alarmen si les hablo de esta forma, yo sé que muchos pensaron que era una barbaridad, y que si a los vascos se les hubiera concedido la independencia, otras regiones muy pronto la pedirían, pero quizás también muchas muertes y sufrimiento se hubieran ahorrado.

Parece que hace mucho tiempo ya de esta realidad que vivimos, por la que nos identifica mucha gente fuera de nuestro país. Ha quedado grabado a fuego, y nunca mejor dicho. Una vez más queda de manifiesto que los fanatismos y los extremos conducen al caos y a la destrucción de personas y sus familias. La lucha por los ideales y por el reconocimiento de las diferentes identidades jamás se justificará con el uso de la violencia, la cual condeno con firmeza.

Yo que me siento andaluz y verde y blanco es el color que corre por mis venas, defendiendo mi raíz, su historia y su orgullo llevo por bandera. Al igual que también defiendo con gallardía las diferencias y la cultura de la tierra que me ha acogido, Canarias, y abrazo sus tradiciones y sus costumbres como un ciudadano del mundo dispuesto siempre a aprender y a respetar las diferencias.

Pero por mucho que yo sienta por mi pueblo y por su lucha yo le entregue el corazón, no se seré yo quien prometa luchar por mi tierra matando a traición.

Por David López Mejuto.

Tú jamás fuiste niño

Hoy levanto mi voz una vez más y te dedico este último grito a ti, un monstruo que vive entre nosotros, oculto entre las sombras de la cobardía.

Tú que eres un vampiro loco de atar, que saciando tu sed, buscas en la pornografía a niños y niñas para recrearte en su humillación sin importarte sus vidas. A ti, sí, a quien nunca importó el sufrimiento ajeno y que disfrutas con la vejación de personas indefensas.

Seguramente, cuando pasas por la calle, vas camuflado como todo un buen señor, y por las noches vas buscando sexo y sangre tras la pantalla de un ordenador mudo, que sostiene tu bajeza y tu perversión.

Cuánto pagaría yo por mirar ese rincón de tu mente oscura… Removiendo en tu interior, seguro que solo encontraba basura. Por más que pienso no concibo que algún día tuvieras infancia, como todo hijo de Dios…

Pensándolo bien, tú jamás fuiste niño, tú naciste con un corazón viejo, oscuro y despreciable.

Por David López Mejuto.