No seré yo quien prometa

Hoy resuena todavía en mi cabeza el sonido de las bombas y la barbarie que algunos quisieron escribir en la historia reciente de España por la defensa de unos ideales, de unos intereses particulares, de una forma “distinta” de vivir la realidad nacional.

Muchos años el problema de la ETA ha ensombrecido a este país, tanto es así, que muchas voces pidieron que les dieran la independencia por tal de acabar con esa inmunda lucha cobarde y traicionera.

No se alarmen si les hablo de esta forma, yo sé que muchos pensaron que era una barbaridad, y que si a los vascos se les hubiera concedido la independencia, otras regiones muy pronto la pedirían, pero quizás también muchas muertes y sufrimiento se hubieran ahorrado.

Parece que hace mucho tiempo ya de esta realidad que vivimos, por la que nos identifica mucha gente fuera de nuestro país. Ha quedado grabado a fuego, y nunca mejor dicho. Una vez más queda de manifiesto que los fanatismos y los extremos conducen al caos y a la destrucción de personas y sus familias. La lucha por los ideales y por el reconocimiento de las diferentes identidades jamás se justificará con el uso de la violencia, la cual condeno con firmeza.

Yo que me siento andaluz y verde y blanco es el color que corre por mis venas, defendiendo mi raíz, su historia y su orgullo llevo por bandera. Al igual que también defiendo con gallardía las diferencias y la cultura de la tierra que me ha acogido, Canarias, y abrazo sus tradiciones y sus costumbres como un ciudadano del mundo dispuesto siempre a aprender y a respetar las diferencias.

Pero por mucho que yo sienta por mi pueblo y por su lucha yo le entregue el corazón, no se seré yo quien prometa luchar por mi tierra matando a traición.

Por David López Mejuto.

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Tú jamás fuiste niño

Hoy levanto mi voz una vez más y te dedico este último grito a ti, un monstruo que vive entre nosotros, oculto entre las sombras de la cobardía.

Tú que eres un vampiro loco de atar, que saciando tu sed, buscas en la pornografía a niños y niñas para recrearte en su humillación sin importarte sus vidas. A ti, sí, a quien nunca importó el sufrimiento ajeno y que disfrutas con la vejación de personas indefensas.

Seguramente, cuando pasas por la calle, vas camuflado como todo un buen señor, y por las noches vas buscando sexo y sangre tras la pantalla de un ordenador mudo, que sostiene tu bajeza y tu perversión.

Cuánto pagaría yo por mirar ese rincón de tu mente oscura… Removiendo en tu interior, seguro que solo encontraba basura. Por más que pienso no concibo que algún día tuvieras infancia, como todo hijo de Dios…

Pensándolo bien, tú jamás fuiste niño, tú naciste con un corazón viejo, oscuro y despreciable.

Por David López Mejuto.

 

 

La sociedad libre de la educación.

Estoy casi seguro de que el niño que nace no se encontraría una sociedad amable, porque hoy, tras miles de años, sigue existiendo entre nosotros la sombra de la injusticia, la barbarie, la sinrazón de la codicia, la esclavitud, el abuso de poder…

Durante mi camino me he encontrado muchos desiertos que no admitían vuelta atrás, muchos de ellos han sido abismos que conducían irremediablemente a otro desierto más. Pero aún así, sigo persiguiendo siempre espejismos, por si alguno de ellos es el mar. En tiempos de Navidad, la ilusión, los recuerdos, la melancolía y otros muchos sentimientos nos habitan, pero al mismo tiempo, por más que este mundo se disfrace por unos días de bondad, ante los ojos del espíritu crítico, no pasa desapercibida la misma falacia, el conformismo y la quietud atroz de quienes vuelven la cara ante la injusticia.

Mientras unos llenan la cesta de la compra, otros buscan entre los escombros de sus vidas, algunas migajas. Esta realidad insolente, nos explica que mucho hay que cambiar de cuanto nos rodea. La educación es una de las herramientas más eficaces para construir una sociedad más solidaria, más sostenible y más compasiva.

Su poder transformacional no tiene límites, por eso, es responsabilidad de todos y todas exigir una educación de calidad y también animar a quienes nos rodean para aprovechar los recursos que tenemos a nuestra disposición, porque somos afortunados, ciertamente.

Invertir tiempo y esfuerzo en formarnos, nos hace más autónomos y más dueños de nuestras vidas al tiempo que ponemos al servicio de otras personas lo que aprendemos. Por eso, si te incomodan ciertas realidades, si te duele el mal ajeno, apuesta siempre por seguir creciendo, por seguir conociendo. De las pocas certezas que me acompañan con los años, sin lugar a dudas, es la confianza en que una sociedad formada es una sociedad libre, fuerte, sólida, solidaria con el que llega, tolerante ante la diferencia. Es una sociedad comprometida con los más vulnerables, y que genera oportunidades de manera igualitaria para todos y todas. Esa sociedad, ese espejismo del que te hablo, solo se puede construir con tu ayuda. Por lo que, desde la posición que tengas, desde la familia, desde tu trabajo, y desde  donde te toque vivir estos tiempos, motiva a quienes tengas a tu alrededor a formarse, a confiar en que el conocimiento conduce a la libertad y que la cultura es la trinchera de los que confían en la justicia.

Abanderado de la esperanza, te digo hoy, que cada año que se acerca es una nueva oportunidad para decidir si las cosas deben seguir como están o si por el contrario, deben cambiar.

Algo que te motivará será que siempre hay alguien que sueña, que alguien sueña por ahí, de manera que, adelante, sigamos nuestro camino y pongamos en cada paso acciones que nos conduzcan hacia los sueños que quedan por cumplir.

Feliz navidad.

Por David López Mejuto.

El monstruo de la estupidez

Por mucho que sea mi sino buscar al gato tres pies y navegar sin sentido por los enrevesados páramos de mi mente, me encuentro de frente cada día con un mismo dilema. A veces aún me pregunto, y sé que no tengo ningún perdón, por ese complejo asunto que es la creación.

Cuando miro a mi alrededor veo la grandeza de las cosas que nos rodean,  el misterio de la naturaleza, la inmensidad del mar, la grandiosidad de las montañas… Un espacio común que concibo como un verdadero regalo. Por otro lado, el hombre, su capacidad para desarrollar todo tipo de proezas a lo largo de la historia, su ingenio y también nuestra capacidad para amar…

Sin embargo, no puedo más que revelarme ante la injusticia y ante tantas atrocidades. El horror, la miseria, el hambre, la intolerancia, la violencia, los ultrajes entre pueblos, las masacres… Cuánto tiempo deberá pasar para curarnos de todos estos males, cuánto tiempo debe pasar para que la luz ilumine nuestros corazones acostumbrados ya a naturalizar la barbarie. La “sociedad del bienestar” quizás no nos ha dejado ver que mientras unos pocos se acomodaban en un espejismo azaroso otros muchos seguían y siguen destrozados a causa de la injusticia. Quizás nos preocupe que otros sufran pero qué hacemos para que esta situación cambie. ¿Hemos perdido quizás la sensibilidad? Pasemos pues de la preocupación a la sensibilización, esta última implica acción. ¿Qué hacemos para iluminar este mundo? ¿Qué tipo de huella estoy dejando tras mis pasos?

Hoy, impulsado quizás por el puro placer de la provocación, como Prometeo, me dispondría a robar el fuego sagrado para arrojar de nuevo luz donde veo oscuridad, una penumbra que no solo está viva en la sombra de las atrocidades más feroces, o en las muertes de los más débiles, sino también en los pequeños gestos donde asesinamos al prójimo. Es en la mentira, en el engaño, en el abuso de poder, en la envidia y en definitiva en los males más oscuros pero cotidianos de la historia, donde residen nuestros más funestos futuros.

Sigo preguntándome pues, con el desgaste que ello supone, a qué se debe la creación del monstruo de la estupidez que nos hace caer generación tras generación en los mismos males que nos vienen asolando.

El gran maestro Aute decía:

“Ni que el paraíso del necio
se logre trepando al poder
que donde el valor tiene el precio
que marca la ley del crupier
el pánico que me desquicia
de tu universal sin razón
es que el virus de la estulticia
se engancha a la procreación”

No pudiendo quedar indiferente ante estas palabras, me pregunto, qué necesidad, tanta necedad.

Por David López Mejuto.

 

 

 

 

 

 

Con luces y sombras, pero de verdad.

Hay días en los que te planteas firmar el acta de tu rendición, miras a tu alrededor y hay algo que no va, que no concuerda.

Uno de los principales lastres del ser humano es su capacidad de mentir. Las argucias que se emplean para conseguir prestigio, honores, distinciones, reconocimiento, o sencillamente para tapar la propia incompetencia y la necedad son variopintas, incluso podríamos definir distintas tipologías… Lo peor de todo es que en determinados ambientes, puede llegar a naturalizarse la mentira y el engaño de manera que se adquieren competencias de lo más avanzadas para poder leer entre líneas y desvelar lo que hay detrás de esas tretas que no hacen otra cosa que dirigir el discurso hacia donde interesa. Esta mentira cronificada es letal.

Existen personas verdaderamente expertas que hacen de la mentira una manera de sobrevivir. Cuando menos se lo esperan, su mundo, su vida y todo lo que les rodea es irreal. En determinados contextos como la familia, el trabajo o la amistad, por ejemplo, normalizar la mentira puede ser un verdadero cataclismo, sobre todo cuando llega el momento en que ya ni siquiera las personas se percatan de cuán irreal es su mundo y lo que cuentan sobre él.

En el ámbito laboral uno de los principales retos a los que se enfrentan las organizaciones de peso es la gestión de la verdad. Esto viene siendo la capacidad de no tener que maquillar las cosas sino abordar la realidad con naturalidad pese a que ello conlleve el ejercicio de la autocrítica.

Conseguir este reto depende de todos los miembros del equipo, de abajo a arriba y de arriba a abajo. Cuando prima por ejemplo la solución de problemas en lugar de la búsqueda de culpables se favorece la asertividad y la complicidad. De la misma manera, en la horizontalidad también se puede favorecer un clima de confianza utilizando un modelo de trabajo colaborativo, donde mi éxito es tu éxito porque en nuestro discurso prevalezca el “nosotros” versus el “yo”.

Tomar la decisión de caminar junto a la verdad es un ejercicio de madurez y responsabilidad. No te alejará de problemas, es más, es muy probable que salgas con heridas en esta batalla, pero esas mismas cicatrices te harán ser mejor persona y verás en el espejo la mejor versión de ti mismo, porque lo que tendrás delante será tu versión original y no una esperpéntica caricatura de lo que el resto espera de ti o de lo que tú mismo te has contado de tu “yo ideal”.

Yo te quiero como eres, con luces y sombras, pero de verdad.

Por David López Mejuto.

A esos corazones…

Esta entrada la quiero dedicar a esas personas que como diría el maestro Aute, entre un mar de girasoles buscan un giraluna.

A esas personas que defienden su propio criterio porque tienen unos ideales y unos principios que están por encima del convencionalismo, por encima de cualquier recompensa, por encima del protocolo, por encima de las expectativas, por encima de lo que debería ser, por encima de lo que se espera de ellas…

No les importa incluso la derrota, siguen un rumbo fijo, guiados en ocasiones, sin saber muy bien porqué, por un impulso, una intuición, una quimera… Son corazones que laten al compás de unos valores arraigados, que alzan su voz ante la injusticia, que caminan con la cabeza bien alta sin miedo al qué dirán pese a sus defectos o debilidades. Son corazones valientes, castizos, vehementes, y que miran cara a cara con la gallardía del que tiene como bandera la verdad. 

Son corazones que nunca serán súbditos de los laureles, porque la vida para ellos es vértigo, y no una carrera. Porque merece la pena luchar por aquello que importa, por aquello que nos llena.

Caminar por la vida sin profundizar en cada paso, sin mojarte, sin implicación con tus ideales, con lo que realmente piensas y sientes, etc., sin duda te evitará muchos problemas, pero no conozco otra forma de vivir. ¿Y tú?

La vida es demasiado corta como para pasar de puntillas, muérdele y siente el placer de ser tú mismo, pese a todo. ¡Búscate problemas! Seguro que los tendrás, pero también disfrutarás de la plenitud de descubrir día a día que cada uno de tus pasos cobran sentido.

Por David López Mejuto.

 

El éxito como experiencia íntima.

El éxito, al igual que la felicidad, tiene diferentes significados según cada persona. Si damos una vuelta por la literatura al respecto o simplemente preguntamos a nuestro alrededor, posiblemente nos encontremos con una definición del éxito ligada a otro concepto muy próximo, el reconocimiento. Bajo mi punto de vista son conceptos muy diferentes pero que fácilmente se pueden incluir en una misma ecuación.

El termino Éxito proviene del latín exĭtus, que significa “Salida”, de ahí se determina que Éxito se refiere generalmente al resultado final y satisfactorio de una acción y por ende, a consecuencia de ello, puede venir acompañado de reconocimiento, a lo que yo añadiría, “o no”.

El éxito, y los parámetros que se establecen para sentirlo, tienen que ver, a mi juicio, con una experiencia íntima que puede o no llevar consigo reconocimiento. Es importante tenerlo claro, pues de lo contrario seremos “esclavos del aplauso” y “súbditos de los laureles”.

En cualquier caso, y teniendo en cuenta como punto de partida esta diferencia conceptual, podríamos dar algunas pautas a modo de lecciones para llegar al éxito, tanto si tu idea de este vocablo consiste en perseguir un sueño hasta hacerlo realidad, como si buscas simplemente rendir al máximo en tu trabajo o conseguir algún reto en tu vida personal.

En primer lugar, no se trata de hacer lo que la gente espera de ti; haz lo que verdaderamente deseas hacer. No será fácil, en ocasiones deberás asumir obligaciones o seguir consignas que no te aporten directamente la felicidad del soñador, pero podrás ponerte cada día pequeños objetivos para que te sientas dueño de tus circunstancias, y no un mero espectador de las mismas.

Adáptate a las situaciones con normalidad, trabaja la tolerancia a la frustración y sobre todo, ten paciencia. El ejercicio de la paciencia tiene que ver con un concepto que en entradas anteriores he mencionado, se trata de la praxis de la esperanza, ya que sin esta última cualquier piedra en el camino puede parecer una montaña, pero haciendo uso de la misma, aunque las montañas no se disipen, la diferencia estará en que tu modo de pensar y de actuar te llevarán a escalarla salvando cualquier dificultad con arrojo y tesón sin huir de los problemas.

Arriesga, pero con trabajo previo, con perseverancia y teniendo como soporte tu trayectoria personal y profesional.  Tu experiencia te avala, y debes hacerte respetar por ello, como persona y como profesional.

Por último, es importante que establezcas tu propia definición de éxito, no vivas para hacer lo que otros esperan de ti, no estás aquí para cumplir las expectativas de nadie, define tus límites, exige que sean respetados y trabaja duro para conseguir aquello que te hace feliz. Si además lo que haces tiene una consecuencia positiva en la sociedad porque trabajas para las personas o en el terreno de la intervención social, esto te servirá de anclaje, pues sin duda, tu labor está mereciendo la pena, pero en cualquier caso y te dediques a lo que te dediques, busca un sentido y vive el éxito como una experiencia íntima, tuya. A por ello.

Por David López Mejuto.

 

 

 

 

El liderazgo del error

Hablar de liderazgo está de moda. Muchos son los autores de diferentes disciplinas que abordan este tema, también son muchas las organizaciones formativas que ofrecen un amplio elenco de cursos y especializaciones al respecto. La literatura científica nos ofrece gran variedad de fórmulas para ejercer un buen liderazgo y cada vez son más las recetas para llevarlo a la práctica. Con tantas fuentes donde elegir, la predicción podría ser sin duda, que hoy en día, ser un buen líder debería ser más sencillo, pues solo tendríamos que aplicar algunas fórmulas para conseguirlo, pero mi impresión es que hablamos de algo más complejo…

Colin Powell, ex Secretario de Estado de EU dijo que “Los grandes líderes son casi siempre grandes simplificadores. Pueden interrumpir cualquier argumento, debate  y duda y ofrecer una solución que todos puedan entender”. Esta frase podría servirnos de anclaje para poner de manifiesto una de las ideas que me gustaría resaltar. Lo que está claro es que si analizamos cualquier organización de nuestro entorno más cercano nos encontramos con personas insatisfechas con sus jefes, y de la misma forma también, líderes insatisfechos. En mi opinión, una de las certezas que me acompaña es que un líder debe ser simplificador, debe proponer una comunicación interna ágil, directa, donde prime la eficacia por encima del protocolo. Por otro lado, debe poner en práctica el ejercicio de la confianza con sus colaboradores para conseguir multiplicar su acción y un detalle importante, tratarles como profesionales que tienen conocimientos y experiencias que aportar, y no meras piezas de un engranaje para cumplir la voluntad absoluta. Estas serían algunas de las características básicas, comenzando por lo positivo, y es que, como ya dijo Napoleón Bonaparte,  “Un líder es un repartidor de esperanza”.

Muchas otras características debieran ser parte del rompecabezas que conformaría la figura ideal de un líder, pero esta última frase del conquistador francés, a mi modo de ver, subyace en cualquier modelo de gestión de un buen líder. Por ende, muchas son también las características negativas que todo aprendiz de líder debe evitar, pero una de las más perjudiciales para el futuro de una organización es “la gestión desde el error” ¿En qué consiste? Se trata de un modelo de liderazgo basado en detectar errores para “supuestamente” reconducir y mejorar la situación, y como no, “hacer que la persona mejore”. De entrada no parece descabellado, es más, reconducir los errores es parte del seguimiento de un líder, pero cuidado, este tipo de prácticas pueden cronificarse, de manera, que para este tipo de líder la actividad central es “buscar la mácula en el traje”. Suele ser un modelo que va acompañado de características personales como la inseguridad en sí mismo, la falta de confianza, carencias de autoestima, falta de profundidad y otros rasgos de personalidad similares.

Varios de los efectos de caer en este modelo de gestión del error cronificado son los siguientes:

  • Pérdida de confianza, ya no ven a un referente, a un modelo inspirador, ven a alguien que “jefea”, como dirían algunos profesionales del mundo del coaching,  en lugar de “liderar”.
  • El miedo al error que se convierte en una peligrosa pasividad, o a limitarse a seguir con las instrucciones básicas por el miedo a “meter la pata”, y lo que es peor, comienzan a escucharse frases como “a mí eso no me corresponde”, “esta tarea es de otro departamento”, etc. Claro que en una organización deben estar delimitadas las funciones y tareas, pero todos los estudios de eficacia en el trabajo coinciden en que la flexibilización de los procesos es un valor añadido de las empresas más exitosas, por lo que el trabajo colaborativo constituye un pilar en la buena praxis versus las tareas encasilladas. Y hay que entender a quien toma esta actitud pasiva, todos la tomarán tarde o temprano, de una manera u otra, con líderes del error, es cuestión de tiempo y del grado de tolerancia a la frustración que tenga cada cual…
  • Elimina la creatividad y el entusiasmo, se sustituye la tensión creativa por el estrés, la ansiedad…
  • Y un último efecto a resaltar, el peor de todos los males para una empresa de presente y futuro, la pérdida de la esperanza.

Si desempeñas alguna función de liderazgo y te sientes identificado/a con este modelo expuesto de gestión en el error, tengo una buena noticia para ti, aún estás a tiempo. Analiza tu conducta, ponte en manos de profesionales si lo ves necesario y sobre todo, reflexiona sobre el legado que quieres dejar en tu organización, piensa en el porqué has llegado a esta situación y ponte objetivos para mejorar y hacer que otros mejoren, pero siempre desde la gestión de la esperanza, no hay fórmulas mágicas, el aprendizaje forma parte del proceso y es bueno equivocarse, lo que está claro, es que cambiar te hará más feliz, que no es poco, porque hay muchas formas de utilizar el tiempo que se nos ha dado, y tú puedes decidir si caminar pisoteando o dejando huella. 

Por David López Mejuto.

 

 

 

La tecnología al servicio de la educación.

Aunque Benjamin Franklin decía que una inversión en conocimiento paga el mejor interés, no siempre ha sido, ni es interés de todos y todas, apostar claramente por la educación como eje de la transformación social.

Al margen de las dificultades que desde la “crisis” se vienen dando, donde las personas más desfavorecidas suelen ser las más perjudicadas, nos encontramos con instrumentos que facilitan el acceso a la educación por otras vías y que están al alcance de todos y todas.

No podemos negar que la tecnología nos ha facilitado la vida y está modificando actividades que antes pensábamos imposibles de realizar de forma digital, como estudiar. Coger las riendas de tu futuro es hoy posible gracias a la educación en línea, con la cual se puede adaptar el aprendizaje a nuestro estilo de vida, y no al revés.

Algunas de las razones que pueden animarte a seguir estudiando confiando en la educación en línea.

  • Con la educación en línea puedes olvidarte de las barreras de tiempo y espacio, ya que puedes estudiar desde cualquier lugar, a la hora que prefieras y en el dispositivo que más te guste. Aprender desde tu móvil es muy fácil, comienza y te engancharás.
  • Las plataformas de educación en línea están creando constantemente contenidos que se adaptan a los requerimientos del mercado actual, por lo cual tendrás la oportunidad de desarrollar y perfeccionar las habilidades que son una tendencia en el ámbito laboral.
  • Puedes apostar por instituciones que ofrecen titulaciones oficiales, lo cual te dará garantías para seguir avanzando con tu proyecto académico, profesional y personal.
  • Desde la flexibilidad y sin barreras puedes perseguir tu pasión, y no tendrás obstáculos si eres constante y tienes claras tus metas.

Recuerda que existen herramientas que se adaptan a tu situación y nivel de estudios, ponte una meta, el límite lo pones tú.

Por David López Mejuto.

 

 

Abanderado de nada.

Sin patria ni bandera, sin leyes ni castigos, mi corazón es un continente por donde pasan sin aduana quimeras correteando cada día. ¡Locos soñadores que siguen en su empeño de pensar que alguien sueña por ahí!

Cuando miro otros corazones, no puedo evitar sentir dolor ante los latidos separatistas que ponen fronteras y muros que nos alejan. Cuando lo que nos une es más que lo que nos hace diferentes, en un mar de corazones que palpitan bajo un mismo Sol, este ciudadano del mundo se revela cuando otros se empeñan en querernos demostrar que son distintos a los demás. Que si heredaron una cultura propia y que forjaron su historia… Como si yo no tuviera orgullo, ni raíces, ni forma de ser y una vieja y sabia tierra que también me ha visto nacer.

Cuántos se empeñan en querernos demostrar sus propias señas de identidad, que si enarbolan su propia lengua… Sutil ardid para hacer fronteras… Como si yo no tuviera palabras que salen del alma, distintas también, para expresar todos mis sentimientos, a quien me quiera escuchar, a quien me quiera entender.

Vengo de una tierra de culturas milenarias, vivo, y estoy enamorado también de la tierra que me ha acogido y donde hago mi vida y mi corazón sigue teniendo espacio para tantas personas, culturas y lugares que existan. Un andaluz orgulloso de sus orígenes, de esa tacita de plata con más de tres mil años de antigüedad, y sin embargo no soy abanderado de nada, no hay más color que me haga reír o llorar que el que refleja tu mirada.

Miremos al mundo con el corazón abierto, vamos a construir puentes y vamos a destruir muros.

Por David López Mejuto.