Con paso vacilante

Con paso vacilante y la mirada clara, manos de terciopelo, te siento latir. Así te he visto crecer, esa vulnerabilidad que os hace ser tan gigantes, tan verdaderos. Aún no son ni dos años y me parece toda una vida. Seguirás creciendo, entre alas y balas, porque la vida es un combatir de alas en vuelo y balas en duelo.

Alza tus ojos y mira todo a la deriva, verás con tristeza flores que están marchitas, todo son espinas y campos de miseria. La guerra que amenaza, como unas tenazas aprietan las carnes, hambre, paro y terrorismo, completando el cuadro la droga mortal. Esta es la situación que nos toca vivir, un mundo a la deriva, lleno de sombras, artificios, avaricia, cosmética y estética… Pero mientras la tierra gire y nade un pez hay vida todavía decía Sabina…

Tus gestos de ternura me piden a gritos que en este mundo absurdo te enseñe a vivir. A mí, que cada vez me acompañan menos certezas y más dudas, me toca acompañarte en esta vida que es un vértigo y no una carrera.

Escucha algo, tendrás la oportunidad de elegir quién eres a partir de tus propias decisiones. Deseo que te acompañen los sueños, para así evitar tener demasiados dueños.

El mundo pasa nuevamente por un gran bache del que debe salir. Los besos y los abrazos que antes estaban de rebajas ahora están prohibidos…

Hubieron tiempos peores, mis abuelos y mis padres me lo enseñaron bien, pero siempre el hombre reaccionó. Y si tu generación se parte el corazón y el alma, puede hallar la solución y así conseguirás barrer lo podrido de esta puerca humanidad.

Y pese a todo, anclado en la praxis de la esperanza, deseo que tu mirada azul alumbre cuantos caminos decidas emprender, incluso cuando el único remedio sea el callejón sin salida. Yo estaré ahí, apoyándote en cada paso, en cada esquina, cada escondrijo, en cada último grito, porque sigo creyendo que la belleza no se rinde ante el poder.

Tu padre.

David López Mejuto.

Bate tus alas

Cuando empieces a dar tus primeros pasos, puede que te encuentres con un mundo extraño, lleno de colorido y de grandes sensaciones, pero a la vez, en algunos momentos, inquietante.

Puede que cuando empieces a crecer te quieran convencer de que la vida consiste en disfrazarse de veleta y girar según qué viento, puede que quieran inculcarte que el éxito y las grandes conquistas están en las más altas cumbres, pero no te dejes confundir, el mayor poder está en lo sencillo, en lo pequeño, en lo cotidiano; puede que incluso algunos te quieran enseñar a especular con el honor como la causa justa más preciada del mejor cinismo.

También te encontrarás mil motivos para rendirte, mil razones para parar, pero déjame decirte, yo te quiero acompañar para dejarte el regalo más preciado que mis padres han cultivado en mí y se trata de aprender  a crecer por dentro.

Habitarse por dentro será la mejor forma de no sentirte solo, de perseverar junto a tus mejores aliados, tus principios y convicciones.

Cuando puedas llegar a entender que ya te quería antes de verte, lograrás saber que eres especial, que tienes como todo el mundo en esta vida un cometido importante que desarrollar. A veces te intentarán convencer de que no merece la pena luchar por eso o por aquello, pero tú sabrás de buena tinta, por más fuerzas que te falten, que yo, que miro con devoción esa tierna mirada perdida, sin conocerte ya creía en ti. Ahora te toca a ti coger el timón y ser tú quien crea en sí mismo, muchos serán los que se sumen para ayudarte a conseguir tu misión en esta vida, pero recuerda que la mediocridad es peligrosa y en muchas ocasiones no perdonarán tu brillo, pero la luz verdadera no puede apagarse, por lo tanto, tarde o temprano terminará cegando a los corazones oscuros y arrojará  esperanza, allí donde llegue, con una fuerza infinita.

Bate tus alas, ángel y recuerda que el verdadero éxito es una experiencia íntima que te pertenece, sé dueño de esta idea cuanto antes, es el mejor regalo que puede hacerte tu padre.

Por David López Mejuto.

Volver a ser

Si por un momento decidiéramos bajarnos de este tren esquizofrénico del capitalismo, el egoísmo, la productividad… Posiblemente tendríamos tiempo para estar con nosotros mismos.

Resultaría casi un milagro, entre tantas actividades, series, recetas para ser felices, tutoriales, tablas de ejercicios para esculpir nuestros cuerpos, etc., en tiempos de confinamiento, encontrar un momento para habitarnos por dentro. En qué nos hemos convertido si tanto trabajo nos cuesta pararnos un minuto en silencio a mirarnos…

Sentado frente a frente conmigo, me pregunto «enmimismado» qué habita en mi interior, qué sentimientos genera mi mirada en mí. ¿Veo acaso un cómplice en el viaje? También pudiera ser que vea un enemigo, el pariente pobre de la duda, un animal perdido, un artificio… Tal vez me dé miedo a mí mismo y no quiero reconocerme o tal vez sienta añoranza al descubrir que después de tanto tiempo encuentro una mirada extraña, irreconocible, ficticia, ajena, desconocida… Por el contrario, también pudiera ser que viera un rostro amigo y que encontrara en mí la calma, el descanso, el agua del oasis…

En estos tiempos que corren me miro fijamente a los ojos, me reconozco, me veo, me observo. Escucho en el silencio las voces de lo que soy, y por un momento me olvido de lo que he hecho, de lo que hago y de lo que haré, porque pongo en el centro ahora el verbo SER.

Quizás sea el momento de pararnos, de buscarnos, de encontrarnos y empezar a diseñar de nuevo, entre todos y todas, una sociedad que sepa pararse, una sociedad que se escuche, que se mire en el espejo cada cierto tiempo para descubrir en el reflejo si el camino que siguen sus pasos le están llevando a la imagen más cercana de lo que añora ser.

Quizás sea el momento de huir del escenario, por si se cae el telón, huir de lo falsario y de maquillajes de ocasión.

Quizás sea el momento de SER.

Por David López Mejuto.

Volver al amor

Enamorarme de ti.

Sé que es una locura. ¿Pero se puede amar de otra manera acaso? A mí la cordura me aparta siempre del amor. A mí la cordura me apartaría de tu lado. O de mí mismo.

Y es en lo más profundo de nuestro ser donde reside la esencia del amor; también en los sentidos, en la piel, en el deseo, en el anhelo, en la saciedad… Es lo divino, es lo animal.

Y entre cicatrices y anhelos te mueves, resucitas, te encuentras, te pierdes.

Entre mares y lagunas navega tu incertidumbre, que es tan cierta como la nada y lo que ésta esconde.

Entre acordes disonantes estalla la risa feroz del desatino, de la inquietud y tú solo buscas el sentido, y no lo encuentras, pues es tu sino divagar por las orillas movedizas de tu impaciencia, y tu ausencia, la certeza más veraz de mi destino.

David López Mejuto.

Canta y vive

En más de una ocasión nuestro universo parece derrumbarse; durante algún instante nada tiene sentido, unas veces movidos por ese enemigo atroz que somos nosotros mismos vestidos de cordura y súbditos del esquema, otras derrotados por circunstancias externas.

Entre los muchos antídotos del alma recetados de generación en generación, hoy hago un guiño a la música, al poder de la canción, pues actúa en nuestras vidas como una ráfaga de Sol inesperada que nos alumbra en el momento más adecuado.

A modo de revelación, lo que antes era oscuro, ahora es claro, y dando pie a la absoluta rebelión, conseguimos dar un paso más en el camino hacia nuestros propósitos. Cogemos fuerzas para seguir en el impulso infinito de no pasar por el aro de lo que no nos convence, de lo que castra las ilusiones del soñador.

Es esa melodía incansable de quienes dan un paso al frente, venciendo la propia cobardía, la que nos hace recobrar fuerzas, recordándonos que tiene sentido, que cada uno de los momentos difíciles en los que has luchado, han sido recompensados con creces con grandes dones fáciles de reconocer si miras en ti y a tu alrededor.

Es desde el agradecimiento, de tanto bien recibido, desde donde nos volvemos a enfocar en lo importante, en lo que merece la pena. Y créeme amigo, amiga, no hay hombre o mujer que luche por una causa justa y se vea en soledad en el camino, incluso cuando parecía que estábamos más desamparados, siempre actúa una mano amiga, a veces, a modo de canción.

Camina adelante y recuerda también que a veces el ritmo impuesto por la inercia de esta vida, no es el más adecuado para ti, por eso, busca tu propia canción, grita si es necesario, canta y vive. Incluso en el último escondrijo podemos encontrar grandes razones para seguir. 

Por David López Mejuto.

El poder del vínculo

En más de una ocasión he hablado del sentido y del proyecto de vida. El verano puede ser un buen momento para reflexionar sobre nuestro proyecto personal. Una de las claves para alimentar nuestra vida y llenarla de alegría y sentido es, desde mi punto de vista, el ámbito de las relaciones personales.

Muchos profesionales relacionados con el crecimiento personal coinciden en que las conversaciones pueden cambiar nuestro presente, nuestro futuro, e incluso nuestra visión del propio pasado, y con ello, el concepto de nosotros mismos. Cómo tenemos configuradas nuestras relaciones es vital para que se den esas conversaciones transformadoras. Estas pueden afectar de manera directa en nuestro estado de ánimo y en la forma que tenemos de conectar con nuestras distintas realidades.

Con este grito solo pretendo poner el foco en algo que para mí ha sido y es vital, especialmente cuando hemos vivido la experiencia de la lejanía de nuestra tierra. Se trata de blindar momentos con aquellas personas importantes para nosotros. Podríamos tener la creencia de que el contacto se da de manera natural y que no hay que forzarlo, pero déjame decirte algo, el ritmo vertiginoso de nuestras vidas, en ocasiones, puede confundirnos en nuestra lista de prioridades, y es entonces, cuando empiezan a darse pensamientos del tipo «ya le llamaré», «ahora no puedo, tengo algo importante que hacer», «hoy no podrá ser, tengo varios correos que mirar aún», etc.

Si queremos enfatizar en nuestras vidas el poder del vínculo, es necesario, como en todo lo importante, organizarnos para ello. Puede parecer frío al principio, pero créeme, los beneficios son directos y los notarás de inmediato. En esta propuesta de «blindar momentos», no es necesario un despliegue logístico, la buena noticia es que lo único que necesitarás es dedicar un tiempo determinado, que puede ser de 5 minutos al día, para hablar con esa persona que es importante para ti. Si incorporas esta costumbre a tu rutina, pronto formará parte de tu actividad diaria, de manera natural, y la satisfacción será máxima. Los vínculos se verán reforzados, demostrarás interés por esas personas que son significativas para ti.

Hoy tenemos muchas herramientas para estar en contacto, y eso es genial, pero no subestimes el poder de una conversación, especialmente si puede ser en persona. La distancia puede ser un obstáculo, pero siempre puedes escribir una carta (algo que poca gente conserva), escribir un correo, llamar por teléfono, una vídeo-llamada,  etc. Nuestro compromiso con la otra persona generará cada vez más interés real por lo que el otro siente, por sus circunstancias, deseos, preocupaciones, motivaciones… Y también nos dará pie a contar aquello que nos inquieta, aquello que necesitamos expresar, como un simple, pero tan grande, «te quiero».

Tengo la absoluta certeza de que instaurar en nuestras vidas este celo por los vínculos puede cambiar la calidad de nuestras relaciones, y con ellas, cambiar nuestra sociedad de manera radical, combatiendo así el individualismo y los muchos introyectos que padecemos, como la excesiva competitividad, los fanatismos, el ego, etc.

Es este un grito que nos invita a conectar de manera especial con el otro (no solo se trata de frecuencia) desde la certeza también de que lo afectivo es efectivo, por lo que podremos aplicarlo a cualquier contexto, dotando de profundidad a nuestras relaciones.

Y recuerda, si tienes que gritar, que sea para decir aquello que llevas dentro y que seguro, alguien más cerca de ti de lo que crees, está deseando escuchar.

David López Mejuto.

Ese «maldito» propósito.

Esta vez he tardado más en volver a este escondrijo. Y es que una de las reglas de este espacio es que no hay reglas, ni para mí ni para ti, así que si quieres, ven conmigo, te voy a mostrar que también nos podemos desnudar con las palabras.

A menudo me planteo qué es lo que mueve a las personas a ser quienes son. Me seduce conocer ese impulso, esa verdad sobre las que se sostienen las decisiones que perpetran las personalidades. Los pilares sobre los que sostenemos lo que somos, me producen una enorme curiosidad, porque son esos cimientos, esas columnas vertebrales, las que permiten las mayores proezas, y de la misma forma, las peores miserias.

Estarás de acuerdo conmigo en que hay muchas maneras de vivir, y no seré yo quien cuestione unas u otras, pero déjame decirte, antes de que nos desnudemos, qué es lo que me conmueve, lo que me apasiona, lo que me desgarra, te interese o no. Pues bien, hoy ha venido a mi mente una palabra sencilla, PROPÓSITO, pero no entendido como un objetivo que se pretende alcanzar, más bien como esa firme determinación que mueve a los corazones a despertar cada día por una causa, por esa quimera, ese sueño que nos inspira, esa luz al final del túnel.

Los afanados a las «causas imposibles», no utilicemos la falsa modestia y seamos sinceros… Creemos que se puede. Y por eso luchamos, emprendemos, gritamos, nos emocionamos, lloramos y sentimos. Por eso salimos ahí fuera, a enfrentar la realidad del día a día, desde la certeza de que habrá derrotas desoladoras, se darán fracasos, a veces perderemos el norte, e incluso pensaremos que nada de lo que hacemos merece la pena, pero de repente, aparece ante nuestros ojos ese cabronazo que acecha a los soñadores, ese «maldito» propósito… Y todo cobra sentido, y todo comienza a entenderse.

Esa experiencia que te lleva a sentirte unido a la vida, conectado al universo y a los seres que te rodean… Es en ese momento de «locura transitoria» cuando decides nuevamente levantarte con firmeza, sabiendo que pronto tus rodillas podrán tocar el suelo una vez más, pero no importa, porque está ahí, bien arraigado, es tu propósito, y todo trasciende, y tu experiencia de vida merece la pena.

Cuando miras al otro desde esta óptica, comienzas a entender las muchas luchas por las que esos otros también pasan, empiezas a interpretar que también han llorado, que también han sufrido, pero lo más importante, que se levantan día a día inspirados por yo qué sé cuantos sueños imposibles… Es entonces cuando abrazar otras verdades y otros caminos nos conduce irremediablemente a entender al otro, abrazarlo y sentirle más cerca que antes. Es entonces cuando quizás merezca la pena, incluso, luchar juntos, compartir propósitos, siendo uno mismo, siendo nosotros. 

David López Mejuto.

Cebo de anzuelo o tiburón

Entretenido entre los enrevesados páramos de la mente, descanso quizás en el recuerdo. Síntoma de las desordenadas emociones que me llevan a añorar sonrisas, miradas, olores y caricias. Cómo se mide la vida, si son lo mismo un segundo que un siglo de luz. Cómo vivir en el presente si ya se esfumó.

Veo el mar, siento la brisa marinera, la catedral. Huele a incienso, a barro, a viejo, a pan, a lejía en los portales, a pescado en la plaza, a churros de la guapa… Es temprano, camino por sus calles bajo la mirada atenta de mis abuelos, me veo, «enmimismado», me encuentro frente a frente conmigo. Me gustaría contarte, advertirte, darte algún consejo, pero no puedo, pues este espejismo está huérfano de palabras y cargado de silencios.

La vida es verla pasar, es un sueño fugaz, es un poema desesperado, es una carta de despedidas, es una canción perfumada por algún adiós, es una leyenda de vida y de muerte, es un camino sin caminante, es una empresa en quiebra, es esperanza, es un sueño suicida, un árbol que muere y un retoño que suplica.

Muchos son los muertos en combate, algunos elegidos por Odín viajan al Valhalla guiados por las valquirias, otros esperan harenes en la Meca celestial, otros se reúnen con el Creador y así, cada cual espera un último viaje guiados por la certeza que nos une, esa misma suerte, que cambiando una sola letra se lee muerte.

Lo que somos, la huella que dejamos tras nuestros pasos, no es más que una broma del azar ante la que podemos resignarnos o por el contrario devolverle la sonrisa. Yo decidí como respuesta alguna carcajada insolente, y lejos de ser un súbdito de los laureles, abracé la verdad, y cuando lo haces sufres más ante la codicia, ante los mecanismos macabros de las trincheras de lo falsario y las ansias de poder que mueven el ego y la ira. Nunca sabré si es más sabio ser cebo de anzuelo o tiburón de pelo duro al que hay que temer, pero entre el juego funesto de intentar ser algo que no somos, elijo ser yo, y este es mi último grito.

David López Mejuto.

Receta: espíritu creativo y búsqueda

Comenzar el nuevo año con recetas no parece demasiado creativo, pero lejos de sugerir una nueva dieta para la cuesta de enero, te planteo hoy una reflexión sobre la realidad que vivimos y una propuesta como repuesta, baja en calorías pero alta en valores.

Seguimos viviendo una sensación generalizada de malestar en nuestra sociedad, y muchos siguen siendo los conflictos que nos asolan. El desempleo, las situaciones de pobreza, la guerra, el desastre provocado por el mundo financiero sin rendición de cuentas por parte de los responsables, la política, que sigue sin darnos una respuesta adaptada al ciudadano, la corrupción y otros muchos males pueden hacernos sentir inseguros, irascibles, desesperanzados.

Ante todas estas situaciones, no podemos volver la cara, pero tampoco actuar desde el pesimismo o desde la resignación.

Una propuesta podría ser abrirnos a la realidad, analizarla y no permanecer indiferentes ante ella, sino implicarnos en la medida de lo posible. Esta actitud requiere un análisis complejo, huyendo de las posturas que simplifican los fenómenos, por el contrario, nos acerca más a la verdad ver los diferentes motivos, las distintas variables… El blanco y el negro no suelen ser la respuesta más apropiada para el mundo en el que vivimos.

Ante todo esto, debemos tomar una postura, implicarnos en las realidades, desde nuestra comunidad de vecinos, nuestro barrio… Hay muchas formas de hacer el bien, y el efecto suele ser multiplicador si lo hacemos en plural, juntos, con la asociación de vecinos más cercana, con la parroquia, con nuestro grupo de amigos y amigas… La idea es tomar una actitud activa, y sugerir propuestas y alternativas en lugar de quejarnos de todo sin hacer nada al respecto. La pregunta sería, qué puedo hacer yo para cambiar las cosas con las que no me siento cómodo.

Si queremos construir una sociedad más justa y solidaria, nuestras actuaciones deberían estar marcadas por la responsabilidad, por la ética y por la sensibilidad con las personas más vulnerables.

Se trata de una manera de ser y de hacer que implica tomar decisiones, algunas de ellas, nada cómodas, pero que sin duda te traerán satisfacción y contribuirán a crear un mundo mejor. Por eso, espíritu creativo y búsqueda.

David López Mejuto.

Apología del SER

En mi reflexión de hoy quiero hacer referencia a una de las palabras más importantes y que el ruido de la sociedad actual ha mitigado de alguna forma. A lo largo de la historia de la humanidad se nos han presentado diferentes maneras de aludir a quiénes somos, y lo que somos, en función de lo que tenemos, «tanto tienes, tanto vales», en función de lo que hacemos, «eres lo que haces», «tus actos te definen»; en función de lo que ocurre en nuestro mundo interno, incluso en nuestro inconsciente, etc. También se nos ha enseñado a identificarnos con algo para definir el SER, lo que somos… Te puedes identificar con tu cuerpo, con la mente, etc., pero desde el mismo momento en que te identificas, te pierdes, porque eres mucho más que eso.

Siempre que afirmas el YO, se produce una identificación con algo, con un nombre, una forma, con un cuerpo, con un pasado, unos pensamientos… <<Yo>> significa identidad. Muchos de los males que asolan a nuestra sociedad tienen su raíz en este <<YO>> que fomenta el egoísmo, el narcisismo y el ansia de poder sobre los demás, que genera injusticias de toda índole. El <<SER>> que me gustaría reivindicar con este último grito, tiene que ver con la conciencia, aquella que significa salir de la cárcel en la que nos sume la propia mente y sus prejuicios, sus deseos de identificación, sus esquemas, sus reglas… Para alcanzar la paz, la armonía y la felicidad compartida, el ser humano debe viajar a su interior, debe emprender el camino hacia la conciencia, pues es la única forma de librarnos del miedo, de la incertidumbre y de las limitaciones que implica sentir que somos lo que ahora creemos que somos… En especial, implicará una nueva relación con nosotros mismos y con los demás, pues ya no nos trataremos de una forma u otra según lo que tenemos o no, según el trabajo que desempeñas… No existirían así clases sociales, pues primaría el SER por encima de todo. No haría falta referirnos a nuestros colaboradores, en una organización, como «los que están por debajo de mí», y tampoco necesitaríamos posiblemente, tarimas, ni atriles, ni púlpitos, porque el viaje hacia dentro hace sacar humildad y nos libra del mayor enemigo de la felicidad, el ego.

Este es un grito que quiere invitarte a reflexionar sobre lo que eres, que mires a tu SER de una manera distinta a la que nos han enseñado hasta ahora. Alfred Adler, uno de los grandes psicólogos del siglo XX, basaba su análisis en un sencillo hecho que nos puede servir en la reflexión, hablaba del peligro de «la fuerza de voluntad» mal entendida; el ser humano quiere ser alguien, más importante que los demás, más santo que los demás, más rico… Lucha por llegar a la cima. A veces esa lucha, y nuestros propios triunfos, nos alejan del propio ser. Tu vida se convierte en un martirio, por el temor al fracaso. Incluso si has triunfado, sentirás el temor a que alguien ocupe tu lugar. Quien vive para conseguir algo, jamás encontrará la paz.

Este mundo necesita la revolución del ser, volver a mirar hacia dentro, volver a la conciencia, volver a reflexionar sobre el camino que debería seguir nuestra especie y su relación con el medio y consigo misma.

David López Mejuto.